Hola, tú.

¿Cómo estás? ¿Sabes quién eres? ¿Tu misión? ¿Crees en Dios? ¿En cuál? ¿No crees que la concepción del dinero, el nacionalismo y todo lo imaginario que el hombre juega a que es verdad, es absurdo? ¿No crees que la política es un reflejo de nosotros mismos? ¿No crees que el ser humano ya es demasiado cruel con los animales? ¿Piensas en ti? ¿En los demás? ¿Crees que eres una casualidad? ¿Crees en las señales o eres racional? ¿Crees en la magia del crear? ¿Sabes amar?

Quiero saber todo de ti, eres mi espejo, soy aprendiz.

Te comparto sobre mí. He librado guerras de todo tipo, pero la guerra más cruel y con más heridos, fue conmigo. Encontrar la verdad en mi ser, ha sido el reto más intimidante. Ha implicado cambiar constantemente mi pensar, cuestionar mis ideales y descubrir, con humildad, lo bonito y feo que soy.

Recuerda, la belleza es subjetiva, pero es peor el miedo de no hacer una búsqueda personal. Alguien cobarde es triste de contemplar.

La única manera en la que puedo amar es abrirme a la posibilidad y confianza que soy digna de ser amada, pues soy amor. Llegar a ser amor, es la cuestión. Tengo ganas de amarme para poder amar a otros, hasta los que no conozco, amar a todo ser vivo. Suena utópico, lo sé. Pero ¿ese paraíso no lo creo el hombre también?

Así como amo mi oscuridad, amo a mis enemigos, me alejo, pero los respeto. Compadezco al cruel, pues yo violento, pero estoy cansada de ser egoísta, impulsiva, agresiva. Estoy en el punto exacto en el que renuncio a la violencia. Hacía mi misma y a los demás. Soy igual que tú; con miedos, incertidumbres, dudas, ansiedad, quiero un hogar. En la raíz, somos lo mismo. Merecemos ese respeto. Merecemos recordarnos mutuamente, todos los días y casi a todas horas que el ser humano es hermoso en su profundidad; poseemos empatía, compasión y ansiamos la responsabilidad afectiva. Merecemos más de lo que nos damos cuenta en esta Matrix gris, de concreto, cuadrada, sin que puedas cuestionar.

No más consumismo, merecemos el estudio individual y así poder amar al todo, hacer consciente el sentir, aprender, observar. Escuchar. Amar conlleva un trabajo. Reciprocidad. Ayudarnos a calmar la angustia de la improvisación del estar.

Decido ver la magia, sorprenderme ante un atardecer, decirle a alguien que le quiero, conectar con cada conversación que tengo. Decido el presente, ante la incertidumbre, pues la vida es tan maravillosa y a la vez tan horrible, que me hace llorar. Me hace llorar una plática, una canción escuchada miles de veces, una historia, la lectura. Un desamor, la injusticia, la pobreza, la desesperación ante la impotencia de la crueldad o el maltrato. Me hago llorar cuando me hago daño. Cuando me alejo de lo realmente importante; mi ser. La conexión con mi niña interior. Decido ser ella de nuevo, inocente y receptiva, curiosa, con hambre de saber, de crear.

Ese es mi súper poder: Soy artista. No importa sí mi arte gusta, tengo la posibilidad de vivir bajo el concepto del crear. Mi intención no es puramente monetaria, viene con algo más, el hilo fino de la catarsis. Visualizo y lo hago realidad.

Pienso que el ser humano debe crear para sentirse parte del todo al conectar con otros. No podemos encerrarnos en nuestro mundo sin compartir desde el amor.

Decido todos los días ver las señales sobre el aprendizaje que deseo poseer en ese momento, con las ganas de entender que en realidad no poseo nada, ni ese instante. Nacer sin haberlo pedido, es nuestro castigo, pero con la poesía deliciosa de la que viene acompañada.

No importan los mandatos de las religiones inventadas por los hombres; el único mandato debería ser el agradecimiento de estar, de la gente que nos ama, no incondicionalmente, la que nos confronta, la que nos hace crecer y conocer otro aspecto de nosotros.

Reconocer al otro, para evitar lastimar deliberadamente. Estoy, me reconozco en esta realidad, pero me la cuestiono todo el tiempo, con la convicción que nunca lo sabré todo, que mi ignorancia es infinita, pero que al buscarme en el arte de vivir, puedo pintarlo de la forma que yo quiera.

Puedo hacer de mis días una pintura de Monet (mi pintor favorito) oyendo What a wonderful world en versión big band.

Creo que nuestra existencia es tan rápida, que no hay tiempo para tibiezas. No se puede no ver por uno mismo y por consiguiente, por el otro. Queda cancelado venir a esta vida a no dar. Amarse a uno mismo o a una sola persona nada más, no está permitido tampoco. Una cosa es amor propio y otra, narcisismo, ese que nos lleva al egoísmo y a la crueldad masoquista de la pertenencia.

Soltar las experiencias placenteras, la seguridad económica, a las personas amadas, la vida misma, es difícil. Nadie quiere sufrir. Ya no quiero herirme ni herirte a ti. Quiero amarte, admirarte todos los días, pues no ha sido fácil tu camino. El otro día leí una frase que me gustó: Todos merecen un aplauso masivo en su vida como el aplauso que se da después de una gran función. Cuando tengo la bendición de ser aplaudida en el escenario, recuerdo esa frase y es cada vez un compromiso mayor hacia la verdad. No importan mis convicciones, lo único que merece la gente de mi parte es la verdad. La verdad personal y universal.

Es mi reciprocidad.

Escucho todo a mi alrededor, cada sonido es nuevo, los pajaritos, siento la lluvia, el viento, cierro los ojos, mi respiración, toco más a la gente, con el alma, con el cuerpo, pongo más atención a las conversaciones, las acciones, el centro. Tengo necesidad de amar y ser amada de la forma más pura encontrada. No quiero fama, quiero la justicia embarrada en mi ser a costa del dolor que conlleva. No voy a desperdiciar mi existencia con ser neutral. Tomaré mis cualidades y defectos para aprender junto a los que piensan como yo y los que no. Quiero ver mi crueldad para no replicarla en los demás. Quiero viajar; en un libro, en una persona, en un lugar, pero conmigo. Los copilotos yo los decido. ¿Quién me hace el viaje más enriquecedor? ¿Quién me pone la mejor música? ¿Quién me toma la mano? ¿Quién me pregunta cómo estoy? Y la pregunta del millón: ¿Qué doy yo? ¿Sé amar? ¿Conversar? ¿Respeto la ideología de los demás? ¿Realmente me abro a la experiencia o uso a los otros para no ir sola? ¿Viajo sin amar porque me da miedo sostener la paz en su plenitud? ¿Me abro a la verdad o a la mía nada más?

¿Puedo con la separatidad?

Te escribo esta carta porque te quiero, porque te extraño, porque te anhelo. Me duele que a veces lo des por hecho. Somos, fuimos y seremos encuentros marcados. Qué realidad tan extraordinaria la que nos hemos creado. Estoy contigo y los miedos que nos paralizan al pedir justicia.

La libertad no existe, en el sentido estricto del concepto, pues la esclavitud la creó el hombre. La esclavitud del pensamiento. Del concreto. Nuestros pies sin sentir el pasto, ya ni nuestra respiración es natural. Nos cubrimos, con máscaras sociales y ahora con tela en nuestra cara que no nos permite expresar.

Suelto, confío en ti, en lo que venga, en nuestro trayecto en la tierra. Que vengan los truenos, que se rompan los vidrios, lloremos de tristeza, de felicidad, que se muevan las mareas, que se caiga todo, desde el patriarcado hasta las ideas preconcebidas del deber ser. Volvamos a nacer. Pidamos perdón, reconozcamos el error.

Te necesito, hermana, amigo, amor mío.

Te aplaudo, porque sé que no es fácil, pero no tienes que pasarlo sin público, y para tener una gran función se necesitan técnicos, escenógrafas, escritores, actores, actrices, una directora, maquillistas, dueña del teatro, el promotor, todos apoyándonos para crear la función digna de nosotros, en la que la humanidad se ponga de pie, aplauda y grite:

“¡Es la mejor obra que he visto sobre el amor!”

Y escuchemos de fondo, versión big band, What a wonderful world.

 

 

 

Dedicado a Loris, Ray, Luna, mis padres que me enseñaron a cuestionarme con el arte, mis hermanos que son mis maestros, mis amigas, esas almas gemelas que me hacen crecer con cada encuentro. Dedicado a mis amigos gays, lesbianas, mujeres trans, que su lucha me conmueve y refleja. Dedicado a los oprimidos. A mis parejas amorosas en su momento, perdón por todo lo que les fallé. A las personas que no piensan ni sienten como yo, dedicado a los que me odian. Pero sobre todo, esta carta es para mí, para leerla cada vez que me pierda en el “¿Qué soy?” para cambiarlo a “¿Quién soy?” y que tenga la capacidad de cuestionármelo hasta el final de mi existir.

 

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