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Marcela Lecuona

Marcela Lecuona

LA MIERDERA FELICIDAD

Un año más. No puedo creer que van casi ocho años de escribir cuentos, poemas, mis anécdotas, de ficción y reales, pero sobre todo, de sacar luz con las palabras, el dolor profundo lo he penetrado con letras que me hacen sanar. He escrito cosas de las que me arrepiento, pero ahora trato de ser honesta, libre de prejuicios al relatar y sobre todo, ya nunca más desde el lugar de víctima. Leer post completo

Marcela Lecuona

LA MALA FEMINISTA

Nací sin saber a qué mundo venía.
Uno en el que no está planeado si tienes vagina.
Mi madre, una mujer inexperta
No tuvo opción.
A los veinte años tuvo que dar a luz y su destino cambió.
No sabía, que con el tiempo, su hija se cuestionaría el por qué las mujeres tienen que ser como les marca la sociedad.Leer post completo

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LA LLAVE

¿Sabes? Llevaba años con ganas de salir. Me tenías secuestrada en este sótano inhumano. Sin luz, sin velas, negro absoluto. En algún momento me viste con cariño o puede que nunca me hayas tenido en cuenta, pero me sentiste, de eso estoy segura. Aquí estuve años, en este cuarto oscuro, con miedo, llanto, apretada en un espacio cuatro por cuatro, ¿qué te hice para que me trataras de esta manera? Tuve miedo que nunca abrieras la puerta, que pasaras más años sin saber de mí.Leer post completo

Marcela Lecuona

CONTRATO DE AMIGAS.

Cuando una es soltera, su apoyo más grande no es la familia, bueno sí, pero las que realmente te sostienen son las amigas, porque ellas empiezan a cumplir el rol del novio. Por ejemplo, ahora con ellas vas al cine, estas echada en la cama un domingo, vas por un café, te vas de fiesta, te pedorreas, ríes, lloras, te emocionas, te enojas, lo único que les falta es  tener sexo contigo para que el garabato con carne colgando sea completamente reemplazado.

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Marcela Lecuona

EL ESPACIO VACÍO.

Sonó el despertador. Siete de la mañana. Tu amiga flojera invadió tu cuerpo, era hora de empezar el día, tus deudas no se pagaban solas. Pero primero, entraste al Facebook. Nada interesante, lo mismo de siempre, éxito de algunos, parejas y compromisos nupciales, bebés. Todos parecían avanzar, menos tú. Aun así pusiste de status: “Plena y realizada, ¿Qué más le puedo pedir a la vida?”

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Marcela Lecuona

EL PARAÍSO.

¿Saben ese sentimiento de soltar a alguien, pero odiarlo? ¡No existe eso, mentirosos! Maldita maldición. Ahí estoy, haciéndome la fuerte “ya no lo amo, ya no pienso en él, pero ojalá que le de muerte de cuna”, bueno, no tanto como muerte, pero sí tantito dolor, que el karma llegue a su puerta y le de una cachetada fuerte, maciza, a la mexicana. Respiro y pienso, “Marce, tú eres mejor que eso, piensa que todo lo que crees, creas. Si deseas el mal, se te pudre el tamal”. ¿Qué pensaron? ¿Que estaban leyendo Aristóteles? No amigos, esto es Marcela Lecuona.

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DAFNE Y SEBASTIÁN.

Sebastián tenía la edad suficiente, pelo en la cara y odiaba a la gente. Perseguía cualquier tipo de música, pero Nirvana era su grupo favorito, todo el tiempo lo escuchaba en su recámara mientras cobijaba sus instintos. Vivía aún con su madre y no tenía prisa por cambiarse. Siempre lo mismo, volaba con sus pinturas por las tardes; lluvia sobre el mar y un velero peleando con las aves.

Todos los días son iguales hasta que llegó uno distinto; tapó su cara con el pelo, sentía un ardor en la piel sin saber qué era; lo pudo identificar después, eran las ganas de no respirar, de morir sin mirar atrás.Leer post completo

Marcela Lecuona

LA SEÑORA.

Los treinta y cinco años me pegaron. Vinieron con meses difíciles, una depresión profunda, operación de apéndice, dejé el alcohol, el termino de mi relación de más de tres años con alguien que no me amaba, pero sobre todo, el indicio de mi vejez inminente y la muerte.

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