Estoy en mi cama con las manos en la cara.

No puedo dejar de llorar. El llanto se apodera de mí como una tormenta en el mar… simplemente no puedo parar.

Él está en la otra recamara, escucho sus pasos de lado a lado.

¿Cómo es que llegue hasta aquí?

Me siento sumamente perdida, quisiera desaparecer. Mi cuerpo tiembla ante la incertidumbre… no sé si irme lejos y dejarlo o simplemente amarlo.

Pero es este lazo que no me deja abandonarlo.

Estábamos comiendo hace un rato…

Me volteó la cara y me dijo: Ya no te amo.

Quise contener el llanto, él me debe ver fuerte… sin ningún reparo.

Le dije que si quería otra cosa de comer, lo que fuera…

No tengo ganas de pelear, lo que él quisiera, solo tenía que ordenar.

Me vio con odio en sus ojos.

¿Qué hice mal?

Cuando llegue con el plato nuevo en mis manos, solo pudo bostezar.

¿Qué no ves que soy un ser humano?

Y ahora, sola en mí cuarto, me pongo a pensar en la primera vez que te vi.

Cuando en la cama te vi por primera vez sonreír.

¡Que dicha! ¿Se puede alguien sentir así?

No quiero verte, te odio en este momento.

¿No sabes lo que es salir y saber que dependo de ti como tú de mí? ¿Si sabes lo que te quiero decir?

Eres lo más perfecto que he tenido… no sé cómo decirte que no sé cómo vivir sin ti, si te planearas ir.

Mi hombre, mi niño… no sé cómo hacerte ver que eres mío.

Nos peleamos, pero a la vez somos cómplices sobre un mismo piso, sobre la misma esfera, en la misma tierra, y así será hasta el día que me muera.

No tengo hambre, ni sueño… solo me persigue este tormento:

La verdad es que no se llevarme bien contigo, ni iniciar una plática… es curioso, nadie te conoce como yo y aun así me dan miedo tus reacciones.

Yo también quisiera ser irresponsable, que me valieras madres… pero no puedo, porque hay algo que me mantiene a tu lado.

Llámame cursi.

Llámame estúpida.

Llámame intensa.

Llámame… esa es la clave.

Y ahora sola, no sabes lo que he tenido que sacrificar para conformarme a este amor, a este puro e inmenso amor… y literal, solo vivo para ti.

Quisiera que alguien me abrazara, sentirme amada. Que una persona me diga que no pasa nada, que un día seré recompensada.

¿Lo curioso? Solo me importa tu aprobación.

En este momento tiemblo de frio, no encuentro salida, no sé qué hacer con mi vida.

Quisiera pedirte un consejo, pero se me olvida que estas más perdido que yo… ¡Puta madre! No sé cómo salir de la situación.

Este vacío es inmenso… la soledad se agolpa en mi pecho.

Escucho pasos en mi cuarto, ahora sé que has entrado ¿Decir algo es necesario?

Y ahí, sin más… de mi cara quitas mis manos.

Veo tus ojos, que son los míos… y solo miro.

Y con la voz más dulce, casi un suspiro, me dices:

Mamá, te amo… perdóname si he sido un mal hijo.

Así regresa la luz… y a mi vida su sentido.

Solo alcanzo a decir:

No hay necesidad de pedir perdón, abrázame porque por ti… hasta el infinito.

(NOTA: dedicado a todas las mimosas madres solteras… pero sobre todo a mis amigas Jehovana Parra, Maricarmen Torres y Gabriela Reyes. A mi padre que fue MADRE/PADRE a la vez, te amo más allá que cualquier cosa y a mi madre, mi mejor amiga… perdón por no siempre ser la mejor hija. Esto es, sobre todo, un tributo a las GRANDES.)

Marcela 3