Una hiperventilación se apoderó de mí y no me dejaba dormir. A mi lado estaba Jacinto, el novio con el que vivo desde hace un par de meses. Ni siquiera se percató que me encontraba en una crisis existencial en medio de la noche.

Yo sabía porque no podía dormir.

Hace poco, el dramaturgo Luis Santillán, me pidió hacer uno de sus monólogos. Yo tenía más de dos años de no hacer nada de teatro. Era algo que me apasionaba hace años, pero al ver que no encontraba proyectos que realizar, decidí dar por terminado el asunto. Cuando Luis me ofreció el papel, no lo podía creer, y sin leer el texto, dije sí.

Tenía que aprenderme más de treinta hojas de memoria, crear la emoción del personaje y entretener a un público por más de cuarenta minutos. De repente me di cuenta que no sabía si podía lograrlo.

Un día, mientras revisaba los comentarios del blog, vi uno que me dejó helada. “Marce, ¿no te das cuenta que escribes por desesperación porque no has podido hacerla en la actuación? Eres gorda, fea, nada talentosa, naca, y simplemente no has logrado nada en lo absoluto”

No supe cómo reaccionar, ¿Qué tal que era verdad?

Y ahí estaba, hiperventilándome, repitiendo cada palabra de ese comentario. Al parecer lo tenía todo, pero no era feliz, no me bastaba tener un buen novio, un lindo departamento, amor de mi familia, salud, mi blog… ¿Quería más? ¿Realmente mi vocación era actuar o lo había dejado por la paz al verme sumida en el fracaso en este ámbito?

El otro día discutí con mi amiga Alejandra (también actriz). Al calor de la pelea, solo atinó a decirme por mensaje: “Es muy temprano para que estés histérica”

Le contesté: “Estoy con mi familia y mi novio, lo único que me pone histérica eres tú”.

Alejandra se lo tomó personal, y a lo mejor tenía razón, ella por mucho tiempo ha querido una relación, alguien que la quiera. Tiene trabajo como actriz, es guapa, sencilla y linda, para mí lo tiene todo, pero ella quiere eso extra. Quiere amor.

Me dejó de hablar por semanas. Yo no había entendido cual había sido la gran ofensa, pero de repente lo capté; yo quería su vida laboral y ella ansiaba mi vida personal. Cambiaríamos de vida unos minutos si pudiéramos, yo por recibir los aplausos y ella por recibir en la noche un abrazo.

Leí con detención la obra llamada “Sepia” que se me había entregado antes, trataba de una joven que lo único que deseaba era ser amada. ¿Qué acaso no es lo que queremos las mujeres?

Pensé en el comentario que tanto me había herido ¿no he logrado nada en treinta años? ¿Por qué? ¿Por qué no soy famosa? ¿Por qué no soy rica? ¿Por qué no me reconocen en la calle? Pero tengo quien me quiera, descubrí mi amor por las letras, he hecho amigas que quieren lo mismo que yo.

¿Por qué no se puede tener todo en esta vida? ¿Por qué no podemos ser exitosas y además ser amadas? ¿Por qué es una u otra?

Vi en un café a Ale. Nos pedimos perdón, le pedí que no saliera de mi vida aunque yo tenga pareja y le dije (completamente de corazón) que la admiraba, que me sentía orgullosa de ella y que jamás eso se convertiría en envidia. Que estaré para ella en todos sus triunfos.

Borré el comentario del blog y no pude evitar pensar: El jardín del vecino siempre se ve más verde. Querremos más de lo que tenemos porque dejaríamos de ser seres humanos si no. El asunto es: ¿En qué punto se puede decir: “Lo tengo todo”?

Calmé mi hiperventilación y abracé a Jacinto lo más fuerte que pude. Puede que un día él no esté a mi lado y que me arrepienta de no haberlo disfrutado por estar pensando en lo que no tenía.

Y lo entendí, ese es el color sepia para mí. Ver una fotografía de cuando eras joven y decir: Era muy feliz en esa época, lo tenía todo.

 

Nota: Dedicado a mi amiga Alejandra, sé que un día llegará quien te valore y  quiera como mereces, pues nunca dejarás de ser la princesa que cree en los cuentos de hadas.

 

@marcelecuona

 

Marsw6