Llamé a Cablevisión el otro día porque me cambié de casa, y pues… una sin internet no puede vivir, sin hombre, tal vez, sin sexo… soy la prueba viviente, pero, ¿sin internet teniendo un blog? Es imposible.

El empleado de esta compañía me dejó esperando. Hice de todo durante ese tiempo; me preparé de desayunar, lave trastes, ropa, recogí las heces hermosas de mi perra… y el tipejo de Cablevisión seguía sin contestarme.

Para cuando me dijo: “¿Señorita Lecuona?” yo ya había dejado de ser señorita hace veinte años y estaba furiosa.

“¡¿Es neta que me dejo esperando tanto tiempo?! ¡Hombre tenía que ser! ¡Todos son iguales!”. El pobre empleado solo atinó a decir: Si, la entiendo.

Sentí a la feminazi que llevo dentro brotar y me quedé helada. No todos son iguales; el de Cablevisión si, maldito tarado, pero no puedo andar diciendo que todos son iguales solo porque me ha tocado puro mongolo últimamente.

Pero yo también he tenido la culpa, doy entrada a mi vida a hombres que no valen la pena con tal de no estar sola, por recibir un mensaje de buenos días, por tener con quien salir, cuando en el fondo de mi alma sé que no tienen lo que yo busco. Yo, y solo yo tengo la culpa… y Paquita la del Barrio por meterme en la cabeza tanta pendejada.

Y el tarado de Cablevisión.

Dicen que hay tres amores en tu vida: tú primer amor, el amor de tu vida y el hombre de tu vida. El mero mero, con el que te casas.

Ya he tenido los dos primeros; Tacho a mis quince y Rafael a mis veinticinco. El amor de tu vida, esa alma gemela con la que tuviste todo pero que simplemente no pudieron estar juntos. Ese fue Rafael para mí.

Ayer prendiendo mi computadora vieja, encontré todas mis fotos con él. Dos años de historia en un álbum llamado simplemente “Rafa y yo”. Me puse a llorar, no por lo que pasamos, que fue increíble, sino porque me veía radiante. Hay una foto en particular, (y miren que es difícil escoger una porque él y yo viajábamos mucho y desde el día uno que nos conocimos no nos separamos hasta que terminamos), donde él me está abrazando en la cama, rodeándome con su brazo, protegiéndome, como siempre lo hizo, y yo lo veo con una cara de amor…

No he vuelto a tener esa cara por nadie.

Soy feliz, feliz con mi soltería, mis amigas, mi trabajo, mi diplomado… soy muy feliz porque por fin se quién soy. Pero ayer no pude contener mis lágrimas al darme cuenta que me he conformado con tan poco cuando he conocido el verdadero amor.

He recibido sobras cuando un hombre maravilloso me dio de comer un banquete durante dos años. He sido muy tonta.

Y me juré nunca más conformarme con tan poco, que a la próxima que este con un hombre será porque él me ame y yo lo adore con locura… quiero esa cara de nuevo, a la triple potencia.

Uno de los hombres con los que he estado, (de hecho se lleva el premio como el mejor sexo de mi vida) y aunque casi nunca lo veo, lo considero un gran amigo; me dijo:

“El hombre de tu vida te va a volar la cabeza y te olvidarás de todos nosotros. Y en cuanto lo tengas enfrente; entenderás, por fin, porque las cosas pasaron como pasaron. Agradecerás que no hayamos sido ninguno de nosotros. Sé paciente.”

Si, Rafael fue y siempre será de los mejores recuerdos de mi vida. Pero no es el hombre con el que me casaré. Por muchas razones, pero no es él. Y si algún día lees este post mi querido, que Dios te llene de bendiciones porque si alguien merece felicidad plena ese eres tú.

El otro día, en una borrachera familiar, (era comida, pero mis primos y yo lo convertimos todo en vino), todos se fueron como a las seis de la mañana y yo me quede en el jardín de mi casa sola esperando el amanecer. Como en Acapulco hace unas semanas, nunca lo vi.

Pero puse música y comencé a pensar que un día dejaré de ser joven, que miraré atrás como viejita y recordaré todo lo que he vivido. Que un día moriré. Que un día seré polvo, tierra… con mis pies sentí el pasto y me di cuenta del maravilloso ciclo en el que vive el ser humano.

Vi un árbol a lo lejos y me acerque a abrazarlo.

Juro que no me metí nada, nada más así estoy de pirada.

Mi mamá se asomó desde su balcón y me gritó: ¿Qué carajos haces?

Me tomé mi cuba de hidalgo y me fui a dormir con un pensamiento:

¿Tengo tanto amor que dar que ya abrazo hasta árboles? Soy una reina me cae ¿así o más niña para andar?

No, el hombre de mi vida todavía no llega, no sé si llegará, no sé si algún día me volveré a sentir en las nubes, completamente loca por alguien, pero si llega, le tengo la mejor propuesta:

“El día que seamos viejitos, y que tú, por alguna razón no puedas ir al baño solito… yo te amaré tanto que te cambiaré los pañales con todo el cariño y dedicación del mundo.”

Eso le diré en el altar el día que me case… si es que encuentro al hombre que tenga el humor y la sensibilidad para entender, que no tendrá otra mayor prueba de amor.

Abrazaremos árboles de viejitos mientras nos aliviamos con vino la tos.

Por cierto…

Sigo sin fucking Cablevisión.

 

(Si tú como Mimosa, tienes una historia que contar, mándamela a mi mail mamipa84@hotmail.com y pon de título POST. Pon tu nombre y una foto para que se promueva el post y si tu historia es buena la subiré al blog, serás mimosa por un día… ¿Te atreves a salir en el blog? ¿Te atreves a que te lean nuestros 20 mil lectores al mes? ¡Haz la diferencia y mándame tu material! Yo me encargo de lo demás. MIMOSA MARCE)

 

@marcelecuona

 

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