Estábamos desayunando en el departamento Ale, Lucía y yo.

Lucy bajo su café y después de un decidido silencio dijo:

          Nunca he tenido un orgasmo.

Le escupí  el cereal en la cara.

Alejandra rio histérica.

          Con razón eres tan pinche amargada!!

          A ver, a ver – interrumpí el comentario ofensivo de Ale.- Cómo que nunca has tenido un orgasmo y por qué te acordaste ahorita en el desayuno?.

          Porque estoy comiendo huevos y son los huevos que mas he disfrutado en mucho tiempo.             

Ale por fin cerró su bocota. Esto era serio.

          Ok – le dije – Comienza de nuevo.

Lucía nos dijo que aunque experimentaba placer mientras le “hacían el amor”, osea durante la penetración nunca lograba el anhelado orgasmo.

          Sí claro, lo he sentido cuando se bajan a platicar o cuando me tocan el timbre.

Jajajajajja, me revienta de la risa oír hablar de sexo a Lucía.

          Es normal o tengo algo de malo??

          Tú eres la que tiene algo de malo.- dijo Ale

Lucía muy triste se volteo a ver a Ale y le pregunto

          Tú siempre tienes orgasmos Ale?

          Sí, siempre.- le presumió.

          Pues yo no siempre Lucy, así que tranquila.-

Aunque logré calmarla me puse a pensar en lo que acababa de decir. Era cierto. Hasta en eso los malditos hombres nos ganaban. Habían unos que con solo tocarlos ya estaban todos babeados, otros que se toman muy literal el dicho, “hoyo aunque sea de pollo”, los cuales nos usan como puerta de entrada por salida.

Pero, nosotras sabemos cuál es nuestro punto G??

Si no sabemos nosotras, como pretendemos que ellos lo sepan??

Algunas mujeres dicen que solo tienen orgasmos con hombres que aman. A mi me ha tocado que por más que ame a mi pareja nomas no pasa.

Ya solas Ale y yo, le pregunté

          Neta , neta… siempre tienes orgasmos?

          Es neta, si le dejas todo al hombre, que de por si son unos ineptos, nunca vas a tener uno. Pero el secreto es decirles siempre como lo quieres. Por ejemplo, si sé que es mas factible q llegue a mi punto G con determinada posición, digamos de perrito, pues le digo… “quiero de perrito inepto”. Ni lo dejo pensar. El problema es que hay miles de mujeres a las que les da pena decir que quieren a la hora del sexo y terminan frustradas como Lucía. Creen que si dicen como les gusta el tipo va a pensar que ya tuvieron mucho sexo, qué sé yo, viejas locas…

No lo podía creer. Ale tenía razón.

Cuantas veces me había aguantado con tal de no verme mal con determinado sujeto y así terminaba haciéndolo como a él le gustaba… por qué las mujeres no tomábamos ventaja de la situación para poder llegar al muy cotizado punto G.

En la noche llegando a mi cuarto decidí tomar el control.

Tome mi consolador “pepe”, y decidí probar diferentes cosas.

El resultado fue sorprendente. Llegue a tal orgasmo que grite sin darme cuenta y entro Lucía espantada. Al verme ocupada solo movió la cabeza molesta y azoto la puerta. Yo estaba tan feliz que me importó un pepino.

Al día siguiente, Lucía no me habló en el desayuno.

Ale con su gran sentido del humor solo dijo

          Hay que ponerle seguro a esas puertas, uno que nunca viene y el otro que se viene…  me cae.

Lucía, molesta, se levanto de la mesa.

En la noche Ale y yo tomábamos un café en la sala y oímos ruidos. Provenían del cuarto de Lucía. Lo había descubierto. Su punto G.

Súper G. Búscalo, descúbrelo, tómalo, disfrútalo… si le quieres decir a un hombre que lo haga primero tienes que hacerlo tú. El chiste no es solo decir, es descubrir. No es que ellos sean ineptos, bueno, unos si… el problema somos nosotras ineptas que no conocemos nuestro cuerpo.

Ya me imagino todo lo que nosotras les hacemos que no les gusta.

Por eso, aunque solo sea hombre de una noche, dile:

Qué te gusta???

Porque a mi me gusta esto!!!

Y si aún así no llegas al orgasmo… inténtalo de nuevo!!

Recuerda que la práctica hace al maestro.

Creo que tendré que llamarle a Mr. Darcy y pedirle que me explique bien esta teoría.

En la mañana desayunamos juntas las tres de nuevo. Nunca volvió a pedir huevos mi querida Lucia.