“En eso, se bajó los pantalones y ahí estaba; su pequeño monstruito de un ojo. Aun así le quise dar una oportunidad. El pre había estado bueno; era diestro con las manos y con la lengua y ahí fue cuando me acordé, el tamaño realmente no importa si el tipo se esmera en la cama. Pero este era diminuto. Lo dejé que hiciera lo suyo, se montó, me monté, cuchareamos, se fue atrás, adelante, nunca sentí nada Marce, nada. Una hora y media perdida de mi vida.”

No sé por qué mis amigas creen que es vital contarme todo, me cae.

“Pero ¿qué digo?, no fue hora y media perdida, fueron dos meses perdidos saliendo con este tipo, poniendo todas mis esperanzas, todos mis sueños depositados en él, ¿y me sale con eso?”

Pobre sujeto. Lo estaban acabando. ¿Mi amiga de verdad pensaba dejarlo por ese pequeñito defecto? La había tratado excelente dos meses, todo un caballero. ¿En serio las mujeres somos tan superficiales?

Nos quejamos que no les gustamos, que solo les gustan bustonas, nalgonas y mini cintura, pero cuando por fin ven el potencial que tenemos debajo de esa basura comercial, ¿qué hacemos nosotras? Los medimos con regla y lupa. En el caso de mi amiga literal fue con lupa.

¿Es tan importante el tamaño? Si le preguntas a una mujer, te dirá que depende como la muevan, es mejor chiquita y rinconera. Si le preguntas a un hombre, te dirá que sí es importante. Yo difiero con los dos géneros.

Ni muy muy, ni tan tan. En mis épocas de soltería me tocó uno que otro petit y no es algo bonito. Pobres hombres. Nosotras podemos ponernos más si queremos. Ellos no tienen opción. Imaginen cómo afecta en su seguridad. Por eso luego nacen los mujeriegos. Es cuestión de ego.

Lo peor del caso es que esta amiga, la de la desgracia, siempre le tocan así.

Creo tener un don, ha sido comprobado por varias compañeras. Puedo saber con solo ver a un hombre como la tiene. Es un don peligroso y maravilloso, es como ser superhéroe. Si fuera superhéroe, ¿cómo me llamaría? La Superpone Dora, ¿mi poder? Ver más allá de lo visible…

Creo que ya me viaje, pero es verdad. Y no me refiero a los mitos de:

Si está patón, seguro es gigantón. Error. Es un mito urbano. Hay quien calza del cuatro y aun así te sale el sorpresón.

Si tiene manos grandes seguro la arrastra. Error. Este es un mito seguro, pero algo sí es un hecho, un hombre con dedos delgados no me da confianza.

Si esta gordo la tiene chica. Error. Esto no es cierto, es común, pero no es cierto y algo es seguro, si el hombre en cuestión es gordito, todo es proporcional. A lo mejor el largo no es lo que esperabas pero el grosor es maravilloso.

Si esta flaco la tiene delgada. Error. Los flacos después salen con cada cosa.

Si es chaparro es una miniatura. Error. Este es un mito a medias. A veces tienes suerte y a veces… mejor busca uno de 1.70.

Si está muy marcado se les encoge. Error. Esto es mito creado seguro por hombres, para que siempre nos acostemos con los anteriores.

No tiene nada que ver su físico. El don que poseo va más allá de eso, y juro casi nunca equivocarme, no sé en qué consista, simplemente lo sé. Si pudiera dárselos Mimosas, lo haría, así se evitarían pérdidas de tiempo.

El tamaño sí importa, pero también importa el grueso y el movimiento. Lo que no es un mito es que hay hombres que la tienen grande y gruesa y son unas bestias. Creen que el tamaño es lo único que importa y les vale un comino si te lastiman o si no te gusta, suponen que porque tienen una mega bulto colgando debemos ser agradecidas calladitas. Los que tienen gigantitis por lo regular son malos. Pero también es un hecho, y por más que me sienta mal al respecto, que si un hombre posee un polly pocket no hay mucho que puedas hacer, y más si después son novios.

Ese hombre tendrá que ser bueno con la lengua, ni modo.

Mi amiga siguió saliendo con él, se tragó sus palabras, fueron novios y están a punto de casarse. Cuando le pregunté sobre el pequeño problemita que poseía su hombre, me contestó: “Amiga, hay tan pocos hombres disponibles, no solo eso, hay tan pocos buenos hombres disponibles, que la que se tendrá que hacer la gorda y larga, es mi vista. Es una por otras.”

Mi querida amiga, siempre tendrá amor, pues su hombre la ama con locura, pero nunca volverá a sentir un delicioso salchichón.

Una por otras.

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