tres bodas y un funeral

 

¿Las personas llegan a tu vida por algo o es solo una coincidencia?

O como diría un viejo amigo, una Dioscidencia.

Creemos que todo es magia en nuestra vida, nos sentimos tan especiales, que lo que sucede a nuestro alrededor debe ser, claramente, una explicación divina. Estamos tan necesitados; nos sentimos superiores, únicos, que, si conocemos a alguien, ya sea que nos haya brindado felicidad o tristeza, estamos seguros que fue para y por algo.

Conocí a una persona nueve años mayor que yo. Divorciado, tres hijos, guapo. Cuando una está soltera a sus casi treinta las opciones se empiezan a reducir. Los hombres son buenos partidos así tengan noventa años, así estén muertos. Nosotras, es otra historia.

Él creía que el hecho de habernos encontrado era algo que Dios había planeado. Yo estaba renuente, yo no creo que Dios este tan libre de tiempo que ponga a cada una de las personas que conozco. Pero él juraba amor a la semana, que me dejara llevar, que no pensara, que me dejara guiar. Que él había llegado a mi vida a cambiar todo y cada vicio, para darle tranquilidad a mi loca vida.

Al principio pensé, este hombre esta demente. ¿Cómo puedes querer a alguien tan rápido? Pero, a pesar de resistirme muchísimas veces, decidí dejarme llevar. Debo ser honesta, fue a medias. No tenemos absolutamente nada en común más que nuestro carácter.

Pláticas todos los días, noches interminables, sobre Dios, sobre la vida, sobre el Universo. Esos temas que a mí hoy por hoy me apasionan.

Completamente interesado, profundamente enamorado y yo simplemente no aflojaba; y no hablo del cuerpo, si no del alma. Él me dijo que nunca había amado en verdad, que no conocía al amor de su vida, pero que yo tenía todas esas cualidades. Que era un hombre de verdad. Que me enseñaría a amar.

Y yo así de: ¡Par favar!

Cuando nos vimos, cuando estuvimos acostados él y yo, fue como si dos estrellas chocaran. Como si nos conociéramos de toda la vida, como si su cuerpo hubiera estado esperando mi cuerpo. Algo muy extraño.

Pero él tenía un avión que tomar y una familia en la que yo no estaba considerada, un trabajo y una casa lejos de la mía, amigos cuarentones, vida ya resuelta.

Yo no sé qué voy a desayunar mañana. No sé a qué hora me levantaré para ir a grabar a Televisa, mi vida, es como de una perfecta veinteañera casi treintañera. Estúpidamente desordenada.

Él me dijo que encontraríamos la forma, que le diera tiempo al tiempo. Yo dije que no.

Después me arrepentí, y le pedí que si nos diéramos la oportunidad. Ahora fue él el que dijo que no, que mis constantes miedos lo alejaron de mí, que me había rogado infinidad de veces, que era obvio lo inmadura que era.

Lloré un poco, me enojé conmigo misma por cagarme de miedo desde un principio, por tener tantas barreras, pero también entendí que lo había intentado, una vez más había intentado encontrar el amor. Me equivoque de persona, eso es todo. Nunca lo dejaré de intentar, pero esta vez con una diferencia, si realmente quería encontrarlo, era hora de quitarme mis miedos.

No todos los hombres son iguales.

No todos los hombres buscan solo sexo.

No todos los hombres son infieles.

¿Creo que la mayoría es así? Sí. Pero, ¿cómo pretendo encontrar el amor con tanto miedo? Desde hoy se van a la basura. Al próximo hombre que conozca, así corra el riesgo de que me rompa el corazón, confiaré en él plenamente.

Y a ese viejito, esa personita tan especial que nunca ha conocido el amor, le diría:

“El amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. ¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loco y que te amé de igual manera. ¿Cómo encontrarlo?, pues… olvida el intelecto y escucha al corazón. No oigo ese corazón. Porque lo cierto es que, vivir sin eso no tiene sentido. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad, en fin, es como no haber vivido. Tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no habrás existido.

No te cierres. Nunca se sabe. Podría abrirse el cielo… y, tal vez, de ahí caiga una estrella.

No dejes que se te escape la oportunidad de amar por miedo. Jamás.

El amor es confianza, responsabilidad, sopesar tus opciones y sentimientos, vivir el resto de tu vida en consonancia con ellos y sobre todo, no hacer daño a la persona amada, ¿es eso el amor?… multiplícalo por infinito, llévalo hasta el fin de la eternidad y a penas tendrás un atisbo de que lo hablo.”

El viejito ahora está tomando un avión para ir al otro lado del mundo. Yo en mi casa, con mi computadora escribiendo para Mimosas. Solos los dos, con destinos inciertos.

¿Cómo acabaran nuestras historias por separado? No lo sé, el Universo tiene extrañas formas de resolverlo.

Me levanto y miro al cielo. Estoy al pendiente para cuando este se abra.

Quiero estar completamente lista para cuando mi estrella caiga.

 

(Si tú como Mimosa, tienes una historia que contar, mándamela a mi mail mamipa84@hotmail.com y pon de título POST. Pon tu nombre y una foto para que se promueva el post y si tu historia es buena la subiré al blog, serás mimosa por un día… ¿Te atreves a salir en el blog? ¿Te atreves a que te lean nuestros 20 mil lectores al mes? ¡Haz la diferencia y mándame tu material! Yo me encargo de lo demás. MIMOSA MARCE)

 

@marcelecuona

 

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