Es la segunda vez que escribo este post, hace unos diez minutos, mi computadora se apagó. Pero esto tiene un contexto interesante. Llevo dos meses teniendo los peores momentos de mi vida. No miento, no es como que “ando en depresión porque corté con alguien”, no, ahora veo que mis problemas de antes eran cosas de niños pues esta vez, me las he tenido que ver como una adulta y eso es nuevo para mí.
Todo empezó cuando terminé mi relación amorosa; al principio fue darnos un espacio y la que se tuvo que ir del departamento fui yo (él pagaba la renta, yo los gastos) porque algo no estaba funcionando. No era falta de amor, era falta de paciencia y consideración el uno con el otro.

Pensamos que el tiempo nos haría bien, pero fue de mal a peor, me bloqueó de todas sus redes, me pidió que siguiera yendo a mi terapeuta (si somos realmente honestos, creo que él esperaba que le rogara y lo buscara) y yo, en el limbo, sin un departamento a donde irme (claro que mis amigas y familia estuvieron para apoyarme), pero ahí me di cuenta que tenía casi treinta y dos años y que carecía de ahorros suficientes o trabajo con un sueldo fijo, que mis sueños seguían atascados y acababa de perder a mi pareja, mi soporte, mi pilar.
Y la vida se me empezó a desbaratar; mi celular dejó de funcionar (gastar en repararlo), me cambié a un departamento donde hay perros, (lo que no sabía era que la dueña nunca limpiaba el desastre de sus pequeños), vivo rodeada de pipí y heces cada vez que voy al baño. Ni siquiera desempaqué pues a la semana le dije que me iba. En el limbo.
En ese desastre, salió la convocatoria para la nueva temporada de Comedy Central. No sé cómo, pero pude armar una rutina. En llantos y cafés mis amigas trataban de ayudarme, y de eso escribí, de cómo las amigas se vuelven las psicólogas, las videntes, las madres en tus peores momentos. Lo intenté, tuve mi call back de Comedy Central y aunque hice reír, no quedé. Un golpe en mi autoestima, un daño laboral, en el limbo.
Un día mí computadora no prendió y perdí toda la información (más dinero que gastar) y aunque la pudieron “arreglar”, perdí mis fotos con mi ex novio, perdí obras de teatro que estaba escribiendo, mi serie de Mimosas. Mi computadora es mi herramienta de trabajo, perdí el programa para escribir guiones, Final Draft, que cuesta bastante dinero tenerlo. Estuve más de dos semanas sin mi computadora, y ahora que me la regresaron, se calienta demasiado. Ya no sirve, debo comprar otra, en el limbo.
Me peleé con una de mis mejores amigas, porque se comportó de una forma en la que me lastimó demasiado. Ella la está pasando mal también, pero no me deja estar con ella y tampoco la veo interesada en estar a mi lado cuando más la necesito. Que se tome unas vacaciones de mí si eso desea, pero me dolió en el alma. En el limbo.
Así como es cansado oír tanta “tragedia”, escribirlo y vivirlo, es desgastante. Cuando pensé que era cuestión de actitud, se me rompe un diente. Solo quería gritar “¡Dios ya para!”
Era reiniciar mi vida en todos los sentidos, no fotos de mi ex novio en mi computadora, perder todo lo que he trabajado, en un hogar diferente, hasta con diente nuevo, ¿por qué debía reiniciar algo cuando mi vida era buena hace dos meses?
Y pensé el por qué dejé a mi novio, porque aun lo extraño, pero ya no era feliz. Lo amo, con todo mi corazón, pero ya queríamos diferentes cosas. Y me di cuenta que estaba equivocada, sí lo tenía todo, a lo mejor no soy rica, pero tengo a mi familia amorosa y disfuncional, salud, shows y a mis amigas, que aunque no quedó nuestra rutina en Comedy Central, son las verdaderas heroínas de esta historia, son ahora mi soporte, porque no me dejaron caer. Y con eso, lo tengo todo.
Si regreso con mi ex novio, si algún día vuelvo a quedar en Comedy, si tendré nueva computadora, con nuevas fotos y nuevas historias, no lo sé. Lo único seguro es que un diente me quedó de diferente color del resto.
Y que así es esto cuando estás en el limbo, estás perdido, pero siempre puedes reencarnar, volverlo a intentar, reiniciar.

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