Abrí los ojos con un miedo atemorizante, mi garganta guardaba el nudo que durante semanas traté de ocultar frente a la gente, hoy te casas con otra y eso era inminente.

No me había dado cuenta de lo que esto significaba hasta hoy: te perdía para siempre.

Prendí mi celular, veinte llamadas perdidas y miles de mensajes sin contestar, mis amigas sabían que iba a ser un día para mi fatal. Lo apagué, no quería hablar con nadie, no quería reaccionar, me tape bajo mis colchas y dormí una hora más.

Pasaron los minutos y en mi mente solo estaba ella en el altar, hermosa, tranquila, dándose a desear. Era casi perfecta, no como yo… que siempre están sin peinar mis greñas. Mis lágrimas empezaron a brotar, era como vivir una cadena perpetua, desde que me dejó, no veía más allá de las rejas.

Privándome de cualquier libertad, de cualquier placer y de la vida gozar, me encerré en esta prisión de amor en la que no valía la pena ni pedir libertad condicional.

Al poco tiempo tú ya estabas con ella, ¿Qué importancia tenía decirnos almas gemelas? Tú reemplazaste la tuya por una estabilidad incompleta. Que no podías conmigo, con mi desenfrenada pasión, lo que antes (y a la fecha yo lo se) te robó el corazón.

Decidiste irte con alguien opuesto a mí, vestida de blanco, siempre callada, admirando, solapando, pues ambos sabemos que tú eres para ella demasiado, apapachado, a tus pies implorando… ¿Tu y yo hacer una vida juntos? No, siempre te hubiera opacado y eso nunca lo habrías soportado. Tus inseguridades te traicionan demasiado.

Yo gritaba, pataleaba, a tus peores momentos te llevaba, rabiabas, te aferrabas… pero al final siempre me besabas con tu rostro lleno de lágrimas.

Era tanto amor, pero no poder domarme fue tu perdición.

Ahora finges que no existí, que la esperaste a ella toda tu vida, pretendes borras la huella que con tanto trabajo plasme en ti.

Y yo, en cadena perpetua, sin poder labrar mi camino, sintiéndome prisonera.

Apenas y recibo dos raciones al día, no soporto el ruido, los prisioneros me han hecho suya, la luz del día me incomoda, la prisión me adopta.

No quiero libertad si tú no estás conmigo.

Hay hombres que le tienen miedo a la grandeza por su complicación a tenerla y se van por “lo estable”; tú más que nadie lo sabe.

Le marqué en la tarde a mi amiga Alejandra, tenía que salir de mi cama… faltaban unas horas para tú enlace. Me contestó:

–          ¿Qué? ¿Por fin quieres salir de prisión?

Le dije que no, pero que quería ponerme una peda de aquellas.

Así fue, salimos Lucía, Ale y yo con el afán de olvidarme de él.

¡Salud! Ella poniéndose el vestido.

¡Salud! El la ve sonriendo por el pasillo

¡Salud! Mi corazón deja de palpitar… silencio… él dice con su tierna voz: Acepto.

Me puse a llorar en el antro, mis amigas me quitaron el trago y me dijeron:

–          Si sigues así no la seguimos y te dejamos en tu casa.

–          Está casado, ya se acabó.

Ale me vio extrañada.

–          Amora, no seas pendeja, eso ya se había acabado hace años.

Y secándome el vodka del vestido… lo supe, era cierto, siempre había tenido la esperanza de que él se diera cuenta y regresara, por eso mi prisión, vivía sin vivir por una razón: tenía esa ilusión.

Tomo de hidalgo mi último shot, ya saben, ese con el que sabes que vas a perder la razón y sentí mis cadenas romperse, era libre por fin, enterraba ese gran amor, porque un día encontraré a alguien tan salvaje como yo, alguien que no quiera domarme si no viajar junto a mí, ese hombre que este orgulloso de tener una vida diferente, revuelta pero con un compromiso, un hombre que quiera vivir.

Mi tiempo en la cárcel término, él estaba bailando junto a ella su canción, pero ya no pensaré que estará haciendo desde hoy.

Esta muerto, como mató este amor, que tenga la vida que la plazca y ya veremos quien se arrepiente o no ¡Estoy liberada! ¿Quién diría que su boda me daría la libertad anhelada?

Alejandra y Lucía me olvidaron en el antro esa noche, perdí mi cartera y mi celular, acabe la fiesta a las ocho de la mañana con unos desconocidos en la mesa de al lado y vomitada en mi sillón.

Fue buena liberación… hasta que me enteré que no se casaba ese día, si no el sábado posterior.

 

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@marcelecuona

 

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