Soy Dios. En este momento, en este preciso instante que depende todo de mi soy Dios, creador, jugador de ajedrez, del destino, ¿Qué quieres que te diga? No hay nada que puedas hacer, nada que puedas opinar para cambiar las cosas.

¿Acaso ves a Dios conmoverse ante las guerras? ¿Tener clemencia por los que sufren hambruna? Es más, Dios nunca se ha tomado la molestia de hablar conmigo como yo lo hago contigo.

Si llegué a pensar en ti, no fue por otra cosa que amor propio, si derramé alguna lágrima, no lo confundas con piedad sino por lástima… soy ama, dueña, creadora, como te dije; la omnipresente señora.

Todos morimos; lo sabemos, lo masticamos y aun así vamos gastando nuestro preciado y poco tiempo en trivialidades, en serio, no te miento. Entiendo que no entiendas, ¿Qué vas a saber tú?, no sabes oler, no disfrutas los sabores del viento… si, eso es vivir, maravilloso regalo… entonces, ¿Por qué el ser humano se queja tanto?

Estoy harta de oír tantos lamentos, cansada de escuchar vacías insatisfacciones, que nadie sea feliz con este tormento llamado momento. ¿Sabes? Somos tan imbéciles los hombres que cuando entendemos por fin a que venimos, cuando por fin valoramos porque estamos vivos, es porque ya vamos a morirnos.

Irónicos, hasta eso somos irónicos los seres vivos. Cagaditos.

¿Crees que odio a mi propia especie? ¿A mi imagen y semejanza? No te confundas, quiero que te vayas pero no por eso. Mi amor, de mi vida a la tuya, apuesto lo mío.

No sé si me escuchas, según ellos sí, la verdad me da lo mismo, nos queda poco tiempo juntos y déjame te digo: ¡No hay nada como estar vivo!

Como te dije; ahora soy Dios, creadora, señora, hoy decido tu destino, es mi turno, así como Dios ha jugado conmigo… ¿Estás listo?

No quiero ser cruel, no es que sea mala, así son las cosas, no es tu momento, se llama libre albedrío.

No te quiero en mis sueños, te lo advierto, nada de sentimentalismos, sales ahora; si tienes alma o no, eso no es asunto mío.

Esto se termina como empezó; yo abriendo las piernas, soy tu creador, juego a ser Dios; no estarás en mi mente jamás, de nada servirá arrepentirme, pues rodeada de estos ángeles con batas blancas que me hacen soñar, en el momento que comienzo a dormitar, lo sé…

En unas horas volveré a despertar, pero nunca, escucha bien, nunca volveré a respirar.

Tú y yo morimos al mismo par.

 

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@marcelecuona

 

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