Tengo una hermanita de once años que se toma diez selfies al día. La llamaremos Pelusa. Más que nada por que así le dicen.

Pelusa posa en todas sus fotos con la famosa “duck face”, o sea con el pico parado. Cada vez que veo una de sus selfies se me retuerce el estómago. A los once años yo seguía jugando con barbies, que se daban besos con Ken claro, pero aun así jugando.

¿Desde cuándo las adolescentes tienen tanta prisa por crecer? Una vez hablé de eso en un post llamado “Las Mimocitas” (léase de nuevo aquí: https://mimosasparadesayunar.com/?p=1260), así que no voy a hablar de las pubertas mimocitas calenturientas. Mi pregunta es: ¿tienen idea de lo maravilloso que es ser joven?

No es que yo sea anciana, pero en definitiva, la cosa cambia.

Cuando tenía como veintidós años, salía mucho al antro con chavas de mi edad.

ERROR NÚMERO UNO: Cuando empiezas a decir la palabra “chava” seguro naciste en los ochenta para atrás.

En fin, salía al antro con las de mi edad. En ese grupito había una mujer de treinta. Cuerpazo, guapa, buen trabajo y lo único que yo pensaba era: ¡Qué horror tener treinta y seguir yendo al antro! Cuando tenga treinta será la última vez que pise uno.

Obvio cumplí treinta y dije: Bueno, un año más y ya.

Y ahora que en Agosto cumpliré treinta y uno pienso: ¡Al demonio! Iré al antro hasta que mis rodillas puedan sostenerse.

¡Pero no! ¡Estoy mintiendo vilmente! En la borrachera mis rodillas no me aguantan ni para hacer de “aguilita” a sabiendas que el escusado puede estar mojado y lleno de infecciones, así que menos me ayudan a bailar o a sostenerme en tacones.

ERROR NÚMERO DOS: Beber en exceso y tratar de hacer de “aguilita” tampoco ayuda. No lo intente en casa.

Envejecer es un juego macabro de Dios. Te enseña las mieles de la juventud para quitártela después.

Sabes que todo valió madres cuando te comienzan a decir señora. Eso no está chido. Nada chido gente. Mi novio y yo fuimos a Puerto Vallarta a pasar año nuevo y ahí andaba yo, feliz como lombriz disfrutando de la vida cuando de repente ¡PUM! me dicen señora. “Señora ¿Va a querer más toallas?, señora ¿Nada más ocho mezcales?, señora ¿Quiere masaje?, señora, señora, señora”. La palabra resonaba cual eco en mi cabeza… “señora, señora, señora”

“Señora tu abuela” quise contestar, pero pos la abuela ¿Qué culpa?

Otra cosa de la edad es cuando tu vida sexual empieza a decaer. No es que no tengas sexo, pero ya nomás quieres de misionero porque estas mal de la colitis y arriba como que duele y dan ganas de… no importa. El caso es que uno de los síntomas de envejecer son la colitis y la gastritis. Mi posición favorita era la de perrito, a los treinta años prefiero que mi hombre me sobe la panza para hacer digestión.

En las vacaciones también me di cuenta que a las nueve de la noche ya no podía con el sueño, como si en verdad hubiera corrido un maratón. Todo el día me arranaba en la playa y al llegar la noche quería estar arranada, pero en la cama.

¿Qué me está pasando?

Siempre me juré a mí misma que nunca sería como las otras de mi edad; casada con hijos y solo hablando de pañales. Pero al parecer cambié los vodkas con arándano, por ciruelas pasas machacadas para ir al baño.

Si así son los treinta, no quiero saber que sucede a los cuarenta.

El otro día desayuné con el grupo de amigas más locas que tengo; Hannah, Jehovana y Maricarmen. Si contara lo que he pasado con esas mujeres, tendría que abrir otro blog, pero en Youporn. Hicimos de todo en nuestros veinte.

Años después, Hannah está embarazada. En el desayuno, comenzó a platicar lo que vio en el ultrasonido. Mientras hablaba, lloraba desconsolada de la emoción. Le siguió Jeho y después Maricarmen. Yo volteé a todos lados pues no podía de la vergüenza. ¿Estas son las mujeres con las que me reventé hasta morir? Yo no iba a llorar por un ultrasonido, eso jamás.

Salí de ese desayuno decepcionada, si esas mujeres lloraban por algo así, era su problema. Ellas podían ser unas rucas, no yo.

Un fin de semana antes de año nuevo, vino Pelusa, mi hermanita. Le dije porque estaba mal tomarse tantas selfies y ser disque sensual a los once años. Pensé que no me escucharía, pero en año nuevo me mandó un audio en WhatsApp: “Gracias hermana, por todos tus consejos y por ayudarme, sé que lo haces porque me quieres. Te amo mucho”.

Comencé a llorar, eso es lo único bueno de envejecer, ser un poquito más sabio y decirle a alguien que amas algún consejo, pues ahora, tú ya te la sabes, ya lo pasaste.

Lloré por el ultrasonido de mi amiga, por mi juventud que poco a poco se va, por mi colitis, por mi hermanita que empieza una nueva y emocionante vida.

A Pelusa le regalé una blusa en navidad, entre otras cosas. Ya subió selfie con la blusa nueva. Es una fucking ombliguera. Le compré una maldita ombliguera sin darme cuenta.

Me quiero matar.

 

NOTA: Dedicado a la Pelusa. Que seas una excelente versión de ti misma. Te amo hasta los huesos… y, ya no crezcas ¿Sí?

 

@marcelecuona

 

Marsw7