Tres amigas en un café, una tarde, cenicero lleno, risas incontrolables.

ALEJANDRA: ¡Shh! Ríen demasiado fuerte, taradas. Nos van a correr… ¡Vale verga!

LUCÍA: No digas la palabra “verga” Alejandra, se oye espantoso en una mujer.

MARIANA: Lucía, no inventes. Chicas, estoy deprimida. No sé porque, siento que me falta algo. No tengo mucho dinero, mi relación es un poco monótona, tengo mil deudas, ya voy a cumplir treinta y dos años y siento que no he logrado gran cosa con mi vida, no sé qué rumbo tomar para no sentirme de esta manera.

ALEJANDRA: Si querías agüitar el pedo, lo conseguiste eh…

LUCÍA: Nena, no sabía que te sentías de esta manera, ¿has probado terapia?

ALEJANDRA: Mejor unos antidepresivos, gracias a ellos siempre estoy feliz.

LUCÍA: Y loca.

MARIANA: Ya cálmense, nada más falta que se peleen ustedes para arruinarme.

ALEJANDRA: (da una bocanada a su cigarro) Vamos por partes, primero te dejas de hacer la víctima,  aquí nadie te arruina nada. Dices que no tienes dinero, pero ¿Tienes trabajo? ¿Amas lo que haces?

MARIANA: SÍ, pero el medio en el que me desenvuelvo es muy machista, no me dan las mismas oportunidades, no creen en mí. Eso sin contar a las mujeres que te ponen el pie por envidia, con malas vibras. Amo lo que hago, pero es muy difícil.

ALEJANDRA: Yo solo te oigo poner “peros”. Si tu mundo laboral es machista, mejor aún; demuestra que eres más que un hombre ¿Quién quiere ser un hombre? Sé algo mejor, una mujer con huevos. Y sobre las envidiosas, ¡qué se pudran! ¿Te mantienen? Y lo más importante, ¿Por qué siempre quieres tener la aprobación de todo el mundo? Ellos te querrán, después te olvidarán,  te adorarán, pero después te tirarán. Así es el ser humano, se le olvida que todos somos iguales, que todos venimos a luchar contra una sociedad ya impuesta, con reglas ya hechas. Todos queremos fama, dinero, éxito, la pregunta aquí es ¿y tu crecimiento personal? Toma todo como experiencia, aprende, sé paciente, trabaja duro y un día, cuando menos lo esperes, algo va a pegar.

LUCÍA: Bue… eso fue intenso. Creo que sí sirven los antidepresivos, al parecer también te vuelven sabia. Sobre tu relación, sé que no soy la más precisa en dar consejos de amor, pero… ¿tu novio no te apoya en todo lo que haces?

MARIANA: Sí.

LUCÍA: ¿Acaso ese novio no es el que me cuentas que te sirve tu café todas las mañanas? ¿No es el mismo que no es fiestero, ni mujeriego, ni infiel? ¿No es el trabajador que siempre se levanta temprano a trabajar? ¿Tu novio no es el que te respeta, acepta cómo eres? ¿No es el guapo que cualquier mujer quisiera estar con él?

MARIANA: Si lo pones de esa manera, pues sí.

LUCÍA: No hay otra forma de verlo. Eso es él. ¿No tienes fuegos artificiales? Bueno, créalos tú. Eso es la felicidad, crear explosión en momentos comunes. Sonreír en cada café de la mañana, sentir mariposas en el estómago cada vez que te aplaude uno de tus éxitos, ese abrazo consolador en tus fracasos. Si no encuentras la felicidad en esos pequeños instantes, tu vida será esta búsqueda por algo especial, que tienes, pero que no quieres ver por expectativas que no sé de donde sacaste.

MARIANA: Pero ya no me regañen cabronas.

ALEJANDRA: No es regaño, pero no seas animal, lo tienes todo. ¿Sabes cuantas mujeres quisiéramos un hombre así? ¿O cuantos oficinistas no quisieran seguir sus sueños en lugar de estar encerrados todo el día?

LUCÍA: ¿Tienes casi treinta y dos años? ¡Pero ahorita tienes treinta y uno! Vive esos treinta y uno sin pensar en el futuro, quién sabe, a lo mejor te tropiezas y mueres mañana.

ALEJANDRA: ¿La amarillista no vino?

LUCÍA: Has ejercicio para llegar a cualquier edad con dignidad, para estar sana, para sentirte bien. Come sano para no enfrentar problemas de salud, deja de lamentarte, porque cuando tengas ochenta, ahí sí te vas a arrepentir de todas estas bobadas. ¿No hay dinero? ¿Quién necesita pantalones nuevos? ¿Tienes techo y que comer? ¡Considérate afortunada! Al nacer ya tenemos el carnet para morir, venimos a jugar, a divertirnos, a amar. A Dios le ha de dar tanta flojera tus quejas…

ALEJANDRA: Lucía, Dios no existe.

LUCÍA: Cállate hereje.

MARIANA: No sé, creo que nunca he captado el término felicidad, lo veo más como un concepto.

ALEJANDRA: Creo que eres una pendeja. Te voy a dar algo que hará tu felicidad completa. (Alejandra se agacha, toma algo de su bolso). Lo que te voy a dar es lo único que te puede ayudar a encontrar eso que tanto buscas.

MARIANA: (Toma el objeto que le entrega Alejandra) ¿Un espejo? Ya pues, entendí, yo soy la única responsable de mi felicidad.

ALEJANDRA: No idiota, adentro del estuche del espejo hay unas pastillitas antidepresivas. Tomate unas cuatro y te juro vas a ser feliz.

Lucía le pega en la mano a Mariana y el espejo se cae. Se rompe en siete pedazos y las pastillas ruedan por el piso. Las tres mujeres ríen. La felicidad no recae en el destino, Dios, supersticiones, circunstancias o situaciones: Recae en uno.

TWITTER: @marcelecuona

INSTAGRAM: marce_lecuona

509