El otro día acompañé a mi padre al doctor. Anualmente debe hacerse su revisión de la vista. Verán, el sufre de diabetes y tiene que estar en constante monitoreo. Hablamos de sus padres, mis abuelos. Fallecieron hace años, pero no es un tema que le guste tocar a Enrique. Ese es el nombre del hombre que puso su esperma en el ovulo de mi madre. Enrique Lecuona Valenzuela.

Me dijo que lo que más duele de perder a tus padres, es no entender que ya no están aquí, en algún lado, físicamente. Es no poder platicar con ellos, o abrazarlos, o decirles perdón, o simplemente estar.

Abracé a Enrique lo más fuerte que pude. Todos vamos a morir, pero hoy estaba viva a su lado, escuchándolo. ¿Qué queda de nosotros cuando te mueres y solo se escuchan historias a través de tus amigos, familia, hijos, nietos… y después, de nadie?

Pensé en todas las veces que he sentido que muero, de esas depresiones en las que me he enfrentado. Cuando pierdo un amor y no puedo tocarlo más, es una especie de muerte. Cuando pierdes un trabajo, cuando no encuentras esperanza. Cuando pierdes el sentido de vivir.

Sentir que mueres, o la muerte misma, es sinónimo de estar vivo.

Si pudiera pedirle un deseo a Dios, sería quedarnos así, la gente que está en la tierra y no más. Bueno, podría deshacerse de algunos políticos o priistas, o de los desgraciados que matan todo a nuestro alrededor. Bueno, también a los violadores. En fin, eso es lo de menos, esas cláusulas no les incumben a ustedes, yo las vería con Dios después.

Pero quiero tener está edad eternamente, tener a mis padres siempre, que nunca acabe el amor de mi novio, que mis hermanos nunca dejen de ser jóvenes, que mis amigas sean hermosas por siglos. Si tuviera a Dios en frente, le pediría que me diera la oportunidad de vivir este año una y otra vez.

Pero no se puede, sentir que mueres, o la muerte misma, es sinónimo de estar vivo.

¿Quién tiene el valor de suicidarse? Cuando pienso en las personas que se tiran al metro, las que toman pastillas y deciden terminar su vida. No lo entiendo.

  1. ¿Cómo no les da miedo pensar que puede que solo tengamos esta vida y nada más? ¿Cómo pueden con el hecho que, cuando mueras, a lo mejor se apaga el switch? ¿Qué pasa si no existe Dios? ¿Qué pasa después de morir? ¿Qué pasa?
  2. No hay número dos, ¿Qué carajos pasa después de morir? ¡Que alguien me explique!

He tomado pastillas antidepresivas. Sí, jodo con las palabras, pero no practico con el ejemplo. Mi psiquiatra, de unos ochenta años aproximadamente, me decía mientras yo lloraba porque el idiota de mi ex novio me había engañado: “Como quisiera darte las ganas de vivir que yo siento. Tú tienes el tiempo, yo las ganas. ¡Qué irónico!”

Dejé de ir, si se moría mi psiquiatra me iba a deprimir más.

Sé, que cuando somos jóvenes… ok, no yo, los que son jóvenes, jóvenes, a veces no le encuentran significado a la vida, creen que todo está en su contra, pero tranquilos, disfruten el viaje, todos vamos de pasajeros y solo entendemos con el tiempo.

Sufro de una enfermedad en la piel, nadie sabe cómo se llama. Una vez la vi en Discovery Health y me sentí muy importante. Soy extremadamente alérgica al sol. Tengo que medicarme. Tengo mis defensas muy bajas, y cuando el sol, así sea muy ligero, me toca las manos o la cara, me pongo mal.

En un viaje a Ixtapa, de las últimas veces que vi a mi amiga Dafne con vida, (padecía de fibrosis quística, una deficiencia en los pulmones), me puse muy mal de la piel; mis manos crecieron de tal forma que se me veían deformes. Íbamos en el coche de camino a un bar para festejar un quince de Septiembre y le mostré mis manos, que además me mataban de comezón. Le dije: Ve mis manos Dafne, parezco un monstruo.

Ella me enseñó las suyas y me dijo: Las tuyas van a cambiar, las mías jamás.

Las manos de Dafne parecían manos de E.T. porque no recibían oxígeno. Ella jugaba mucho con eso. “Teléfono, casa. Teléfono, casa” y nos reíamos horas. Es lo que más extraño de ella. Su risa. Cuando murió, no podía creer que jamás oiría su risa de nuevo.

Así que mi padre tiene razón, extrañamos las cosas simples de la gente que amamos cuando se van. Ya sea por muerte, por desamor, por viajes, por enfermedad.

Así que si lloras porque ese niño no te ha llamado, o porque tus papás no te entienden, o porque estás sola, o sin trabajo… piensa en mis manos, ahora parece que nada tiene solución, pero eso va a cambiar. Créeme.

Sentir que mueres, o la muerte misma, es sinónimo de estar vivo.

Dicen que todos morimos dos veces, la primera cuando dejamos de respirar; la segunda cuando alguien pronuncia nuestro nombre por última vez.

Si lloras porque perdiste a alguien por muerte, cuenta su historia una y otra vez.

Así, vivirá por siempre.

 

@marcelecuona

 

Marsw3