tres bodas y un funeral

Imaginemos por un instante que no existen nacionalidades, que nunca se marcaron fronteras, que no necesitamos pasaporte para viajar a algún lado. Solo por un instante pensemos que todos vivimos en Pangea como hace trecientos millones de años. Dejemos de creer que los mexicanos son mejores que los guatemaltecos pero inferiores a los gringos. Por un segundo dejémonos de racismos estúpidos; si todos por dentro tenemos el mismo esqueleto, si todos nos hacemos las preguntas básicas del ser humano: ¿existe Dios?, ¿A dónde voy? y, ¿De dónde vengo?, entonces… ¿Por qué creemos que somos mejores unos que otros?

Es muy fácil decirlo, ya que, todos somos excelentes seres humanos en teoría. En la práctica somos de lo peor. Hablaré de mi país en particular. Ayer le reclamé a un argentino (ahora les platicaré de él) que por culpa de los extranjeros como él, se perdían muchos trabajos para los mexicanos. Que me quedaba claro que éramos unos malinchistas y que teníamos el complejo del indio; solo vemos a alguien con ojo claro o escuchamos acento extranjero y nos arrodillamos ante ellos.

Me explicó muy calmado que la empresa donde trabaja es de origen argentino y que no contratan mexicanos porque han demostrado que son muy lentos y flojos. Quise gritar que no era cierto, que los mexicanos no teníamos nada de desidiosos. Como una madre a su hijo quise defender a los míos, pero no pude; la realidad es que si somos un poquito huevones.

Poquito dije.

¿Y este argentino de dónde salió? Pues lo conocí cuando abrí Tinder hace meses. Comenzamos a platicar, pero cuando me dijo que era argentino, lo dudé mil veces. “Los argentinos solo vienen a modelar y a meserear” pensé. (Muestra de racismo número uno). Me dijo que no tenía coche pero que me invitaba a comer un helado y que me lo llevaba en bicicleta a mi casa. ¿Bicicleta? Le dejé de contestar. (Muestra de racismo número dos).

¡Si Mimosas, lo confieso! ¡No soy perfecta! ¡Sé que todos lo piensan, pero no es verdad! ¡Soy la reencarnación de Hitler! ¡Mátenme por ser racista!

Yo fui mesera en mis años mozos, ¿Por qué me molestaba la idea de salir con un mesero? ¿O era el asunto que era argentino y que en el fondo me molesta que se reproduzcan en mi país como palomitas de maíz?

Muchos me dirán, ¿Qué importa? Los argentinos se merecen ser tratados mal; son arrogantes, insoportables, se sienten dioses, y si, la mayoría de ellos creen que son modelos solo por respirar. ¿Quieren odiar a las argentinas? Vayan a castings de comerciales. Ahí se juntan todas ellas sintiéndose la divina garza, pero, ¿Quién les dio ese poder? ¿Será acaso que nosotros hemos permitido que nos traten así los extranjeros? ¿Nuestro complejo de indio sumiso nos ha llevado al extremo de odiar/amar lo que anhelamos ser? ¿Güeros de ojos claros?

¿Qué tal la peruana Laura Bozzo que tiene fama de tratar mal a todos los de su staff? Staff mexicano. Esta mujer debería estar agradecida con nuestro país, come de él, viste de él, hace su circo con él. ¿Por qué lo permitimos? ¿Seguimos en la época de la conquista?

Creo que si me molesta un poco que extranjeros vengan a tratarnos mal o a sentirse superiores, pero lo entendí ayer. Los mexicanos somos los que nos sentimos inferiores, no comprendemos que, somos iguales.

Pero hasta eso nos da hueva demostrar.

Eso sí, hacemos diferencias con los nuestros. Un ejemplo es el antro; si eres moreno, gordito, o pobre… olvídalo. Selección natural amigo. Criticamos la segunda guerra mundial y su racismo cuando lo vivimos todos los días: México trata mal a nuestros hermanos de Guatemala, Estados Unidos nos trata mal a nosotros, Europa nos ve en caballo, sombrero, un nopal atrás, bebiendo tequila y disparando todo lo que se nos cruza en el camino.

Porque somos huevones pero ¡Ahh! ¡Cómo andamos disparando según ellos!

Cuando viví en España un idiota me preguntó que como podía tener ojo verde siendo mexicana. Pueden imaginar con mi carácter como terminó esa historia.

En Las Vegas, en mi última noche, recibí un mensaje de este argentino al que llamaremos Jacinto (él pidió ese nombre, ¿Qué les digo? Los argentinos tienen fama de guapos pero no de ser muy brillantes…)

¡Hitler está de nuevo en mí! ¡Mátenme!

Me escribió diciéndome que estaba allá. En Las Vegas. En el mismo fucking hotel.

Tuvimos una primera cita en el bar del hotel; horas hablando, riéndonos, como si fuéramos amigos de toda la vida. Como si él hubiera crecido en la misma calle que yo. No oí el acento. No me intereso a que se dedicaba. Estábamos en un país neutro.

No podemos generalizar, cuando veas a un extranjero ser mamón o grosero con un mexicano, ponle un alto. Cuando veas a un mexicano ser racista, ponle un alto. Cuando tu trates mal a alguien, sea chino o de la sierra tarahumara, ¡Ponte un alto!

Si tienes que humillar a alguien para sentirte mejor contigo mismo, estas en serios problemas. Morenos, güeros, pelirrojos, ¿Qué importa? El gusto se rompe en géneros. Por ejemplo, he oído que los japoneses la tienen chica, por eso jamás me casaría con uno.

¡Hitler brota! ¡Métanme…! digo, ¡Mátenme!

Jacinto me gusta, solo que no le digan nada porque no quiero que se sienta mucho y se comporte todo arrogante después.

Ya saben cómo son los argentinos.

 

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Marcela1