La Mimosa Luz una vez escribió un post llamado Las Superhéroes, pero este es La Superhéroe, en singular, así que es diferente porque… bueno, me vale, mi post es mejor de todas maneras (Luz si estás leyendo esto, es bromita, no me pegues.)

Había una vez, en una ciudad que olía a México, era como México y se llamaba México, una mujer de cincuenta años llamada Margarita. Margarita tenía tres hijos. La mayor de treinta años. Ninguno de sus hijos vivía con ella y a penas y la visitaban. Ella en cambio, les llamaba diario para ver cómo estaban, siempre se preocupaba por ellos.  Margarita vivía en una casa grande con su esposo al sur de la ciudad con el que llevaba más de veinte años de casada. Margarita media 1.50 y pesaba más de 80 kilos, pero no fue así en sus buenos tiempos. Cuando veía a su hija le contaba siempre que cuando era joven, tenía el vientre plano y un cuerpazo que hacía derretir a cualquier hombre que la mirara. Margarita vivía de sus glorias pasadas.

Su esposo llevaba años sin tocarla, nunca le hacía piropos y con el tiempo Margarita se había convertido en un bulto en la cama de su marido. No tenía profesión alguna, así que todo el día merodeaba en la casa sin nada que hacer. Se miraba al espejo pidiéndole al tiempo que parara, que por favor parara.

Un día, encontró mensajes de otra mujer en el celular de su esposo. No era nada raro para ella descubrir cosas así. La dinámica entre ellos se había convertido en peleas, reclamos e infidelidades de parte de él. Pero Margarita no podía dejarlo ¿Qué haría una mujer en sus cincuenta, gorda y sin trabajo si lo dejaba? Así que callaba, y cuando caía el sol, se acostaba en forma fetal en la cama, con lágrimas en los ojos, deseando morir.

Un día, la hermana de Margarita fue a visitarla.

–          Prudencia ¿Qué haces aquí? – le preguntó Margarita.

–          Vine porque ya no hay tiempo que perder.

Margarita se quedó desconcertada.

–          Margarita, ¿sabes lo que está ocurriendo en el país? Explotó una bomba en un hospital, desaparecieron unos jóvenes, hay asaltos en semáforos y  nadie hace nada.

–          ¿Y eso que tiene que ver conmigo?

–          Tú sabes perfecto que tiene que ver contigo. Tienes un don ¿Por qué tu afán de sentirte menos? El mundo te necesita. Te traje algo.

Prudencia salió de la casa para sacar algo de su coche. Una maleta. Se sentó de nuevo junto a Margarita. Abrió la maleta y sacó un traje color purpura con pequeñas piedritas que brillaban como diamantes.

–          ¿De dónde sacaste eso Prudencia?

–          De la vieja casa de mamá.

–          Ya no puedo regresar a eso Prudencia ¿no ves que soy una gorda sinquehacerada? Me vería ridícula.

–          Bueno, el traje necesita un poco de confección, pero… ¿no fuiste tú la que rescató a esos niños en el ´85 y todo mundo pensó que había sido un milagro? ¿No fuiste tú la que se interpuso entre la bala y el Papa Juan Pablo II, y aunque sí le llegó la bala, no fue grave gracias a ti? ¿No fuiste tú la que estuvo en la caída del muro de Berlín? Ayudaste en incendios, huracanes, asaltos…

–          Cállate, mi esposo te puede oír.

–          ¡Qué me oiga! Que sepa la mujer que tiene a su lado.

–          Eso fue hace muchos años Prudencia.

–          Si tan solo el mundo viera lo que hiciste por ellos, si tan solo dejaras que la gente te diera el crédito que te mereces… naciste con un propósito. Eres un milagro. ¿Por qué estás perdiendo el tiempo Margarita?

–          El gobierno decidió que lo mejor era que me retirara.

–          El gobierno puede chuparme los huevos.

–          ¡Prudencia!

–          Pues Margarita, claro que te pidieron que te retiraras. Misteriosamente, ese mismo año que decides casarte y “retirarte”, Salinas de Gortari se vuelve presidente y nos hunde a todos. Ahora está pasando lo mismo ¿Qué no lo ves? Nos van a hundir. Antes no hiciste nada por evitarlo, ahora ¿Qué estás esperando?

Margarita vio el traje que estaba en las manos de Prudencia. Horas después, estaba en sus manos. Sentada a oscuras en la esquina de su cama, Margarita jugaba con la tela de su traje viejo y descocido. Sí. Había sido alguien grande, importante, pero ahora eso era cosa del pasado.

¿Lo era? Margarita prendió la televisión y  anonadada contempló las noticias. Guerras, narcotráfico, desgracias, un presidente mexicano pendejo. No. No podía seguir sin hacer nada. Se puso poco a poco su traje viejo, pero se quedó en las piernas, no subió más.

“Maldita sea”

Al día siguiente se paró muy temprano, se fue a correr al parque con todas sus fuerzas (no sin antes lavar los trastes, tomar sus pastillas para los huesos y trapear), pero después de eso, sí salió a correr con todas sus fuerzas. De fondo se oía The eye of the tiger, era realmente música de su iPod, pero ella sentía que era música que el mundo le mandaba. Se sentía vivía de nuevo. Con un propósito. Se puso a dieta. Leía el periódico diario, se informaba. Tomo clases de jazz, de salsa, de costura, (pues debía arreglar su traje viejo) y pasaron los meses. Se sentía lista.

Una vez más, en la soledad de su cuarto, decidió ponerse su traje viejo de nuevo. Poco a poco…

No subió de la rodilla.

“Puta madre”

Se puso unos pants morados y una sudadera que decía México con colores brillantes. Estaba lista. Era la de antes. No solo iba a salvar al mundo, se salvaría ella también.

Antes de salir de la puerta de su casa, se encontró a su esposo en la cocina.

–          ¿A dónde vas vestida así? Te ves ridícula.

–          A salvar al mundo. Nunca te lo dije, pero… tengo dones, soy un superhéroe.

–          Jajaja, ¿Qué dices?

–          Me voy Ramiro, te dejo.

–          Si sales de esa puerta, nunca más regresas ¿me oíste?

Margarita sintió que sus piernas temblaban. Ramiro tomó un sorbo de café.

–          ¿Me oíste Margarita? Te vas y no regresas.

Ramiro levantó la vista y Margarita ya no estaba.

Hoy por hoy, ni sus hijos ni Ramiro saben nada de Margarita, pero cuando Prudencia ve las noticias y sabe de alguien que fue salvado, sonríe.

La superhéroe ha regresado.

 

(A mi madre y a todas las madres que son las superhéroes más valiosas del mundo. Gracias, no sé qué haríamos sin ustedes.)

 

@marcelecuona

 

Marsw5