He subido mucho de peso, hace más de diez años que no rebasaba los sesenta y siete kilos; mi ropa ya no me queda, solo uso pants como Regina George de Chicas Pesadas y eso me mantiene en una constante depresión. Me van a decir: ¡Pero que exageración! ¡Mides 1.70! Y sí, si nos ponemos metódicos al aspecto, tendré uno o dos kilos de más, pero no solo no los puedo bajar, no hago nada al respecto: Como más que nunca, ceno (cosa que no hacía), tomo mucha cerveza (cosa que tampoco hacía) y no hago el suficiente ejercicio.

Entonces ¿Por qué me quejo? Tener una vida sedentaria no solo me hará gorda, también me dará problemas de salud. Yo siempre estuve en medio: Para mis amigas actrices era la gordita, pero para mis amigas “normales”, estaba más que bien. Entonces me la vivía en una rara dicotomía sobre mí. En una sociedad donde lo que opinen los demás tiene más mérito que cualquier otra cosa, crear amor propio es prácticamente imposible.

El otro día me que contó una amiga actriz (que está más delgada que nunca), que todo el mundo le pregunta: ¿Qué te hiciste? Te ves hermosa. Mi amiga mide lo mismo que yo y no creo que rebase los cincuenta y nueve kilos. Y sí, se ve hermosa, ella es hermosa, pero siempre lo ha sido, de hecho, a mi parecer, un poquito de carne le daba un toque más sensual. Lo que me impresionó fue lo que me contó: “Fui a un casting y me dijeron que me veía muy bien, pero que por favor bajara dos kilos.”

¿Qué? Si mi amiga baja dos kilos parecería un esqueleto. ¿Nunca han pensado porque las actrices tienen que ser tan delgadas? Piénsenlo. A mí me ha pasado. Cosas absurdas como ver a Britney Spears y pensar: ¿Por qué no se ve como cuando tenía dieciocho años? ¡Porque tiene más de treinta! Porque una se cansa de comer aire. Tuve una compañera del CEA que solo comía un vaso de fruta al día, ¿eso es anorexia? Yo creo que sí. Si supieran lo que realmente hacen estas mujeres que “admiran” y ven en la televisión por estar delgadas, no lo creerían… por eso dicen que las actrices o las que se dedican al medio están locas, ¡No comen!

Imagina la presión de ir a comer o cenar con tu familia y solo tomar agua. Hay muy pocas que realmente están así por el ejercicio, y aun así, he visto como se meten millones de pastillas. No es normal, pero es lo que nos gusta consumir al público.

No podía creer (y aun no puedo) como una mujer puede dejarse tanto ¿saben? En los dos extremos: ¿Cómo es posible que las mujeres dejen que pasen los kilos y kilos, vean que la panza las rebasa, la comida las controla y no hagan nada? Mujeres de mi edad, sin hijos, que se ponen traje de baño y tienen cuerpos de señoras de cincuenta años. O por el otro lado, las mujeres que viven sin vivir; sin comer un rico pastel de chocolate, tomar un buen tequila, sin disfrutar uno de los grandes placeres de la vida solo por tener un cuerpo “perfecto”. Pero ahora entiendo que no es una cuestión física, es emocional.

Las mujeres (y no es el afán de hacernos las victimas) pasamos por muchas presiones. Un hombre feo, pero chistoso, puede conseguir a la mujer que sea, porque un hombre no está estereotipado para ser guapo (sí para tener dinero), nosotras tenemos que ser perfectas más allá de lo posible, y a veces no debemos culparlos a ellos; nosotras ponemos la vara muy alta.

“¡Qué tipo más guapo! ¿Qué hace con esa tipa horrorosa?” o “pues está guapa, pero ve la celulitis que se carga” o “tiene un cuerpo horroroso” son el tipo de comentarios que las mujeres nos hacemos entre nosotras. ¿Has escuchado a un hombre decir algo así sobre otro hombre? ¡Claro que no! Les vale.

Muchas veces me dijeron gorda en el Cea. Es más, un actor muy famoso le dijo a una amiga: “Tu amiga Marce es guapa, pero lástima que no baja de peso.”

Esa presión lo único que provocaba era odio hacía mí. No importaba cuanta gente me decía que tenía bonito cuerpo, o que estaba saludable; ni gorda ni flaca, nada servía, uno solo escucha los comentarios negativos.

En el stand up, por el otro lado, hay muchas gorditas y si yo llego a decir que me siento gorda me piden que me calle, que yo no sé de lo que estoy hablando. El ser humano es tan absurdo, ¡No puedo decirle a nadie como me siento!

Me burlé en una de mis redes de Eiza González, me puse un filtro que adelgazaba mi cara y hashtag anorexia. No solo sus fans me insultaron con comentarios de gorda, celulítica, guanga, también un ex compañero del Cea se ofendió diciéndome que ella estaba sana y que me pasaba el número de su entrenador, para después borrarme de sus redes. ¿La gente se ofende porque digo que alguien tiene un problema alimenticio (que es obvio, mi brazo es su pierna y además es bien sabido que está completamente operada, repito, no es un problema físico, es emocional) y la defienden diciéndome gorda? Este tipo de mujeres (Eiza) es el problema; la siguen más de dos millones de mujeres queriendo ser ella. ¿Quieres ser como ella? No comas nada. Es como aplaudir la anorexia, y eso, es mucho peor que burlarse (con humor) de eso.

No sé el punto medio de quererte y aceptar tu cuerpo, en esas ando, sé que cuando hay un problema alimenticio viene con todo un asunto de fondo. No puedo dejar de comer a pesar que ya no me queda mi ropa: lo trabajaré en terapia. ¿Qué me pasa que no puedo aceptarme? Iré a terapia. La comida y el ejercicio son lo de menos si no te amas primero y encuentras la causa de la verdadera raíz. ¿Sabías que las personas que se hacen el bypass primero los obligan ir a meses de terapia? No es inventado, de nada sirve que dejes de comer de por vida o que comas veinte mil calorías al día si no descubres porque te auto boicoteas.

Y sobre todas las cosas; debemos, tú y yo, aprender que nos importe un pepino lo que diga la gente, ellos no están en nuestro cuerpo y mente. Estar sano también significa ser egoísta y decir: Me vale madres lo que piensen de mí.

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