Cuando somos niños, nuestro único sueño es ser grandes.

Recuerdo que de pequeña, mi padre me dijo que podía tener novio hasta los quince años. En aquel entonces tenía siete. Cada cumpleaños que pasaba solo contaba los que faltaban para llegar a esa edad que me prometía romance.

Pasó esa edad y ahora que tengo 28, y que el amor y los noviazgos han cambiado, solo me queda remontarme al pasado y a esos amores inocentes llenos de emoción.

Hace poco varias personas me dijeron que sus hijas de 17 o menos eran fans del blog. No supe que contestar, porque no quiero que chavitas de esa edad crean que pueden llevar vidas de mujeres de casi treinta.

Pero hay algo que es una realidad, en cuanto al amor y al sexo, no puedes tapar el sol con un dedo.

No puedes decirle a una adolescente que no tenga relaciones sexuales porque seguro las tendrá y menos decirle que se ponga condón, porque por solo llevar la contra, no se pondrá.

Hay algo que si podemos hacer por ellas. Decirles la verdad. Nuestra verdad.

Yo no puedo entender como hay niñas de 15 que se atreven a tener relaciones, ¿Saben acaso enfrentar lo que viene después de eso? A lo mejor el rechazo del galán, un embarazo, una enfermedad.

Cuando somos jóvenes nos creemos inmortales, son las arrugas con el paso del tiempo que nos hace recordar que solo venimos unos instantes a la tierra.

La mejor etapa de estas: La adolescencia.

Ese momento que el amor es algo tan profundo y tan pasajero, pero aun así honesto. Recuerdo que yo me enamoraba cada mes de uno distinto, les juraba amor eterno a cada uno y veía si nuestros apellidos machaban, mis hijos no podían estar con un Lechón Lecuona ¿están de acuerdo?

Lo más curioso y extraño de esto es que todos mis amores en secundaria eran ficticios, ni siquiera hablaba con los tipos, con solo ver al amor platónico del mes en el recreo era la más feliz.

Ahora con tantas redes sociales, estas adolescentes tienen acceso a información que yo solo podía tener por libros y enciclopedias.

Mi papá, una persona muy conservadora, pero a la vez muy liberal, me aplicaba un plan macabro para poder salir los fines de semana. Yo, siendo una persona bastante precoz, fui al antro por primera vez a los trece años.

Pero había un intercambio. Cada lunes me daba un libro, y si quería salir, tenía que haber un reporte escrito de este libro todos los viernes a la hora de la comida. No había reporte, no había salida.

No importaba de que tratara el libro, él lo escogía, no me daba opciones a mí. Eso no solo me hizo asidua a la lectura, me quito muchas horas de ocio en mis años de juventud.

Otra cosa que implementaba era, no podía quedarme a dormir a casa de nadie. En mi adolescencia era drama total… porque habían pijamadas a las que yo siempre tenía que faltar, pero por otro lado, me quito muchísimas tentaciones, al tener que dormir siempre en mi casa evitaba que anduviera de cama en cama.

Si quería ir al antro, el me recogía y el me llevaba. Nada de que me iba a arreglar a casa de mis amigas… no, no, no… el me dejaba en la puerta del lugar y pasaba por mí en el mismo lugar. Eso evitaba que me pusiera muy borracha cuando salía porque me daba pena la cara de peda que iba a tener que ocultar.

Cuento todo esto, porque ahora que veo a las adolescentes, siento que se están perdiendo demasiada inocencia.

Si claro, después crecí y me volví una destramposa mimosa borracha adicta al vodka y a los hombres, pero casi a mis veintitantos años, creo manejarlo y a veces ni puedo, pero me di mi tiempo, tuve una adolescencia tan linda e inocente, que la década de los veintes fueron un desenfreno total y estoy segura que mis treintas serán otro descubrimiento, a lo mejor el verdadero amor y la tranquilidad.

Lo bueno es que he disfrutado cada época, todo, absolutamente todo, tiene su momento.

No podemos adelantarnos a nuestro tiempo, es como si ahora quisiera ser abuela. No me creo ni siquiera ser apta para ser madre…

Ya estoy dejando atrás los veintes, una increíble década, y lo único que les puedo decir a las mimocitas, es que se esperen; no quieran correr antes de caminar, hay cosas a las que aún no se pueden enfrentar, como al sexo.

Enamórense, mucho, de varios, tómenle la mano, bésenlo, fajen, descubran su cuerpo y el de él, pero no se entreguen, no entreguen lo único que ahorita es valioso, y créanme que no lo digo por hacerme la moralista, no podría, se los digo como, si algún día, llegara a tener una hija.

Le diría:

“Mira cabrona, o dejas de estar zorreando o te madreo”

Jajajaja, no es cierto…

Es así de sencillo:

Las mujeres tenemos un poder extraordinario, de sensualidad, de amor, de vida… debes descubrir quién eres primero, conócete, amate, llora, grita, estudia, emborráchate por primera vez, pero que sea siempre con alguien de confianza. Ten un novio, enamórate, que sea lindo, que te espere, que te quiera y respete, porque eso te ayudará a reconocer el día de mañana quienes son los hombres que te valoren en realidad, se buena, sensata y a la vez alocada. Disfruta a tus amigas, reprueba alguna materia, pero descubre cual es la que realmente te interesa.

Se adolescente. Se perfecta. Se eternamente bella.

 

@marcelecuona

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