Encuentro afortunado o desafortunado, tal vez no hay respuesta.

Te conocí una de esas noches de antro, en las que no tomé demasiado, lo justo, iba sin expectativas, dos amigas sin nada que perder, un dolor que curar, platicar y sin querer pensar. Estaba de ingenua, creyendo que una relación se supera de un día a otro, la vida sigue adelante y según yo estaba lista para lo que la vida me presentara.

Y así llegaste tú, ni siquiera me gustaste al principio pero algo me mantuvo ahí,  en una especia de tercio extraño ya que no iba a dejar a mi amiga sola pero tampoco me quería separar de ti. Dieron las 6 am y después de dos o tres besos me fui tambaleante a dormir.

Una llamada dos días después y un propósito de verse la siguiente semana ya que viajabas en exceso. Estaba nerviosa, así como te pones cuando alguien te gusta, sin saber por qué y menos lo que quería. Química innegable, una película y al estar en la puerta de mi casa de regreso… un remolino entró en mi cabeza y dije ¡a la chingada! me gustas, quiero coger y me vale lo que suceda después.

Tu casa, serendipiamente (de la palabra serendipity: destino, nada es de a gratis) a dos cuadras de la mía, fue el escenario de un encuentro de dos extraños, tú con un tatuaje que dejaba claro que fuiste propiedad de alguien más y yo con la cabeza tan confusa que es claro que también pertenecí a alguien más. Sin embargo, fue bueno, una aventura que contar, me quedé a dormir y al día siguiente ya en camino a mis actividades del día me entró una cruda moral inesperada, me sentía mal de haber arruinado una posible relación al haber cogido en la primera cita, de saber que no estaba bien emocionalmente, que le estaba faltando el respeto a mi ex novio… así y mil ideas y sensaciones más me atormentaron el resto del día y los que estaban por venir.

Esto marcó la pauta de lo que sería una relación- no relación de conocidos- desconocidos, platicábamos y planeábamos los próximos encuentros, me escribiste desde Europa y te recordaba en el amanecer de Playa del Carmen, siempre separados, unidos por citas casuales, muchas veces de madrugada y otros a mitad del día entre juntas y ensayos. Es raro saber cosas de alguien y realmente no conocerlo para nada, estar tirados en una cama compartiendo datos curiosos y anécdotas de la semana. Por ratos creer que ya nunca más te vería y encontrarte en el antro sin saber si saludarte o darme la media vuelta.

Nunca te conté que los anillos que llevo colgados siempre en una cadena son de mi abuela, no de ex novios como creíste en algún momento, y aun así no creo que te interese.  Habíamos hecho un pacto y aún así, estando yo en Las Vegas  dudaste y aconsejaste que me cuidara si me metía con alguien más, te aseguré que no lo haría y con ansiedad esperaba regresar y verte.

Era claro lo que teníamos, yo hacía mi vida, salía, y te buscaba cuando quería sin compromiso alguno, tú igual, pero no sé porqué dentro de mí, en algún momento tuve la ilusión de algo más. ¿Cómo? Si somos tan diferentes, si no nos conocemos, si sé que me he proyectado como alguien que le vale lo que suceda, no busca compromiso y honestamente no está lista para nada más.

Me digo a mí misma, con que sólo se respetara el pacto y tuviéramos un encuentro semanal, con eso me basta. Me basta con tener a un confidente, con química y confianza, sin saber más.

Hace una semana te encontré en el antro, y tenía el presentimiento de que sucedería, ahí donde te conocí… nos habíamos visto ese mismo día en la tarde y fue un reencuentro después de dos semanas, todo había quedado bien, satisfechos y sin fijar próxima cita… y te voy encontrando, una sensación extraña de querer convivir más y a la vez aceptar que cada quién va en su rollo, estabas ahogado y además tu hermano me tiró la onda, resulta que lo conocía de antes y siempre le había gustado, le di mi teléfono, no sé porqué, sólo sé que quería llamar tu atención e indirectamente lo hice, me detuviste y nos quedamos juntos un rato en una especie de baile, abrazo y balbuceo de peda.

Me fui sin despedirme, aprovechando que se había armado un pleito con uno de tus amigos y corriste a su rescate, te mandé un mensaje diciendo que me había tenido que ir ya que me tenía que levantar temprano al día siguiente, pero que hubiera estado deli habernos quedado juntos. Después de mandar ese mensaje, borré tu número. Así como hice tantas veces antes.

Es lo que suelo hacer cuando me enojo con alguien o quiero quitarme la tentación de escribir o llamar, no sé si sea algo tonto e infantil, sólo sé que lo hago y creo que está vez la serendipia entró en juego de nuevo y hasta la fecha no he obtenido respuesta a ese mensaje, ni a nada.

No sé qué fue, ni sé que sucederá, sólo entendí algo.

Tú viajas mucho, te gusta tomar, te gusta el desmadre, pareces buena persona y con buen corazón, tienes 33, tienes algo y nunca supe cuál fue la historia detrás de tu tatuaje.  Yo estoy construyendo mi carrera, estoy en el desmadre, me gusta tomar, hasta hace poco creía estar de poca madre para darme cuenta que estoy sanando apenas, tengo 25, tengo algo y nunca sabrás cuál fue la historia detrás de mi nuevo tatuaje.

 

twitter: @luciana_deli

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