Las mujeres solteras tienen un dilema; seguir solteras o andar de novias con cualquiera. A veces yo preferí la segunda opción y anduve con muchos cualquieras, pero la única forma de no perder tu soltería con cualquier pepino, es no tener prisa, salir con varios, no desesperarse y estar ebria. Y digo ebria porque los hombres ponen a prueba nuestra paciencia, apenas salimos con ellos y ya están haciendo tonteras ¿Qué nos espera cuando se conviertan en nuestros novios? ¿O nuestros esposos? ¡En los padres de nuestros hijos!

Porque sí hombres, en la primera cita con ustedes nosotras ya checamos si su genética concuerda con la nuestra para procrear, nuestro útero late, para que, a las tres semanas de salir, nos decepcionen con la mayor desfachatez.

Mi amiga Lucía, como siempre en problemas amorosos, lleva años soltera. No quiere arriesgar años de lucida soltería para perderla con el que sea. El otro día me dice: “Creo que la del problema soy yo, me encuentro a puro imbécil.” Si tomamos en cuenta que el 99% de los hombres son imbéciles (menos mi novio, mi papá, mis hermanos, mis tíos, mis sobrinos y toda mi parentela masculina), pues mi amiga la tiene difícil. La cuestión es encontrar a ese 1% que valga la pena.

Y me puse a pensar, ¿las mujeres tenemos la culpa con nuestros patrones o en verdad ya no hay hombres que valgan la pena?

Yo creo que objetivamente, siendo muy parcial, la culpa es de los hombres.

Lucía salió con tres hombres en menos de un año. Los tres cochinitos. Les pondremos Hugo, Paco y Luis. Sí, esos son los tres patos, pero los cochinitos no tenían nombre ¿qué quieren que haga? Hugo, un hombre empresario de treinta y tres años, rico, güero, el hombre modelo, la corteja. Hugo tiene tres problemas: Es divorciado, es alcohólico y mide 1.50. Persigue a Lucía desde hace diez meses; le pide que por favor le dé una oportunidad. Mi amiga no está convencida, pero con tanta insistencia y una noche de karaoke, ella le da sí. Lucía tiene novio por fin. La mujer inalcanzable cede ante la presión social y porque muy en el fondo se pregunta: A lo mejor estoy soltera porque soy mi exigente y no dejo entrar a cualquiera.

Duraron cuatro días.

El fulanito desapareció, no la buscó, no le mando mensajes, nada. Gracias al espíritu santo mi amiga no le aflojó ni la mano, menos la nalga, ¿Qué fue lo que hizo que este hombre se borrara del mapa? Se ahogó en alcohol y se le olvidó que tenía novia. O a lo mejor festejaba la reciente relación, pero sin la novia.

Cochinito número dos: Paco. A Paco lo conoció en Tinder. Y gracias a mí, a decir verdad. Abrió Tinder en un momento de depresión. Le dije que no fuera tan payasa, y que se diera la oportunidad de darle “Me gusta” no solo a los guapos, también a los más o menos. Todos tenemos nuestro corazoncito. Pues le dio “Me gustas” a Paco, y vaya que se lo dio. Salieron un mes, una vez más, mi amiga no aflojó nada. Se divertían, salían con los amigos del susodicho, todo increíble… pero nunca se concretó nada. Se enfriaron las cosas y no volvieron a salir. Unos meses después, el tipo se vuelve a aparecer de lo más despreocupado, vuelven a salir y no solo eso ¡Cuchiplanchean! (Cometen acto sexual, con condón. Espero.)

Siguen frescos como amigos y aquí viene la pregunta de toda mujer ¿Qué quiere este hombre conmigo? ¿Quiere solo sexo? ¿Querrá ser mi novio? ¿Tiene buenas intenciones? ¿Tendrá herpes? Obvio estas preguntas nos las hacemos ya después de darles nuestro tesorito, así que nuestras acciones ya bajaron. Pero realmente a Lucía no le importan mucho las acciones ni la bolsa, enamorada del tipo no estaba, le emocionaba, la inquietaba. Lo que quiere es saber que sigue; quiere ser cortejada. El asunto es que los hombres si ni siquiera cortejan a sus mamacitas santas el día de las madres, que esperanzas que a una.

Cochinito número tres: Luis. ¡Uy! Este cochinito es el más importante. Para ella, porque para todo el mundo es intramuscular. Luis es un empresario, de buen ver, departamento espectacular, hace ejercicio, ayuda a los pobres, ¿Cómo es que está soltero este hombre?

Lucía conoce a Luis en el antro; bailan, se divierten, ríen; ella, importándole mucho el que dirán, ese día se le olvida (un poco por la borrachera y otro poco por caliente) y se va con él. Al día siguiente a mí me dijo que la llevó a su casa, pero unos días después me confesó que se acostó con él esa misma noche.

Yo la quería matar. Seamos claros; me da igual si mi amiga se acuesta con mil hombres o con uno, y a veces tiene tremendo carácter que soy capaz de prestarle a mi hermano para que se calme, pero sé que ella no busca solo tener sexo. Busca enamorarse.

Pasaron los meses, y Lucía no fue desechada por Luis, al contrario; la invitaba a salir, iban a correr, a ver películas, a preparar cocteles en la noche mientras reían y se convertían cada vez más íntimos. Tenían relaciones, no era sexo, era amor. Y un día, Lucía le pregunta lo inevitable: ¿Qué estás buscando en mí?

Luis contesta: Que seas mi amiga, yo no quiero novia.

¿Disculpa cabrón? ¡Quieres sexo gratis, compañía y risas, pero solo quieres ser amigo de mi amiga maldito patán pocos…!

Disculpen.

Después de diez meses Lucía, enamorada y con el corazón hecho pedazos, decide dejarlo porque él solo la usaba para cuando se sentía solo.

De tres cochinitos en diez meses, no hizo ninguno.

No importa si les daba sexo, si los dejaba, si no los ilusionaba, el resultado era el mismo: Los cochinitos fueron los que soplaron demasiado hasta que mi amiga cayó.

Un hombre interesado se nota a la semana, no sabes si resultará un buen hombre, el padre de tus hijos, pero debes arriesgarte siempre, de nada sirve tener una coraza, no existe un seguro de vida en situaciones del amor.

Lucía, hoy por hoy reconstruye su casita, pero ahora la casa es de paja, madera, ladrillo y hasta cemento, está dispuesta a salir y encontrarse al lobo de nuevo, pero que le vuelvan a tirar sus bases ¡Jamás!

 

@marcelecuona

 

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