Cuando alguien te empieza a gustar sientes una adrenalina que nada ni nadie más te lo puede dar, es esa necesidad de compartir todo con esa persona. De ahí se desprende el enamoramiento, la necesidad se convierte en un deporte extremo porque todo tu estado de humor y tus emociones dependen de él. Y después… el amor, esa cosa frágil y bella que te hace querer vivir y morir a la vez, ese estado en el que cedes, te humillas, haces tonterías… el amor es peor que la borrachera más nefasta… haces pura pendejada.

Y cuando estas al tope de ese amor, cuando sientes que puedes estar en la montaña más alta y cantar acompañado de las aves con los brazos abiertos, esa persona te dice que ya no te quiere más y que lo mejor es continuar intentándolo… cada quien por su lado.

Ese dolor indescriptible es la cosa más desastrosa que a alguien le pueda ocurrir. Cuando te dicen: “Estoy sufriendo mal de amores” haces cara de “Tsss… que mal pedo”

Creo que nos da más pena una persona que la cortaron o que le pusieron el cuerno a otra que se le murió un familiar… porque todos nos vamos a morir pero, ¿Te pusieron el cuerno? ¡Que culero!

Entonces, ¿Por qué nos enamoramos?

¿Por qué es tan tremendamente intoxicante estar enamorado?

Si, si… sabemos lo que pasa en el cuerpo, las endorfinas nos juegan chueco, pero la pregunta va mas allá, ¿Por qué, si sabemos que corremos el riesgo de sufrir y tener ganas de morir, para que nos arriesgamos?

Y ahí, mis queridos mimosos, está la clave de esto: porque mientras dura es la cosa más maravillosa del mundo, porque no hay nada que nos de la misma satisfacción que estar con la persona amada, así sea haciendo el amor o simplemente comiendo un choco roll.

Volvamos al punto de cuando te mandan a la fregada, una vez me pasó que yo tenía novio pero todas mis amigas andaban despechadas… se pusieron una mega borrachera, llorando y cantando Juan Gabriel, súper dolidas, abrazándose, recordándosela al desdichado, y yo ahí… sin tenerle a quien llorar ni a quien sufrirle y me dieron ganas de andar despechada también, de mentarle su mother a alguien.

Así que pensé: ¿Estar despechada se siente igual que estar enamorada?

Claro, sientes todo al máximo, te levantas y escuchas una canción romántica y ya andas llorando. Con tus amigas solo hablas del tarado que te dejó, porque es obvio que cometió la estupidez de su vida… tú eras la magia de la relación, la que los hacia funcionar y terminas diciendo:

“Mejor, ahora lo reto a que encuentre a alguien mejor que yo, lo reto a que tenga mejores momentos de los que tenía conmigo, porque muchas se podrán acostar con él, pero amor, lo que se llama amor, alguien que lo ame como yo, jamás.”

Mimosas, ¿A poco no lo andamos diciendo por la vida? Convenciéndonos que nosotras dimos todo y que ellos fueron los ingratos.

No se preocupen, sé que tienen razón… ¡Esos malditos!

Y para terminar nuestro gran discurso, mejor que cualquier actor recibiendo el Oscar, concluimos con un:

“Nunca me voy a volver a enamorar, eso jamás”

Así somos las viejas de extremistas, nos dejan marcadas de por vida. Pero en unos meses ya andamos con otro diciéndole a nuestras amigas: “Este si es diferente, te lo juro por la Virgencita que este si me salió decente”

Es imposible no volvernos a enamorar, no quiero sonar cursi pero esta vida es tan cortita que te tienes que enamorar de todo lo que te rodea, tu familia, tus amigas, tus novios, tu trabajo, el vodka… no hay nada en esta tierra que no enamore.

El otro día vi una película en la que en una escena decían el dialogo más lindo (me encantaría tomar crédito por esto pero ¿Qué tal que ya vieron la peli y me exponen en pleno blog?)

Va más o menos así:

“Las amigas tenemos un eterno romance, nos enamoramos todo el tiempo una de la otra, podemos dejarnos de amar un tiempo, dejarnos de hablar, engañarnos con otras amigas, darnos un tiempo, pero si es amor del bueno, siempre regresas… porque las amigas estaremos siempre enamoradas”

Me pareció muy lindo… porque es cierto, nunca se nos hacen suficientemente buenos los tipos con los que salen nuestras amigas, ellas son unas princesas y merecen al príncipe Harry, aunque sean unas malhabladas, borrachas y sean unas desgraciadas. Nosotras las vemos con cara de amor, si fuéramos hombres obviamente andaríamos con ellas, porque simplemente son perfectas.

Es enamoramiento puro.

Bueno, a nuestra familia… o los amamos o los amamos, no hay amor más incondicional ni más disfuncional, pero es un enamoramiento constante, un estire y afloje, unas ganas d matarlos a martillazos hasta que mueran desangrados mezcladas con las ganas de asfixiarlos apachurrados en un abrazo de amor. Si eso no es amor del bueno, no tengo idea que es.

Y sobre la pareja, yo lo que digo, ¡Y es cosa mía eh!… porque soy la más enamoradiza, de hecho, creo que si fuera famosa sería una Jennifer López en potencia casándome una y otra vez, el estado de enamoramiento es sumamente bello por el simple hecho que ves las cosas más bonitas, todos te parecen rete simpáticos,  los pajarillos cantan, el sol brilla con más fuerza… la vida vale la pena.

Venimos solo un instante a esta tierra, así que antes de decir NO ME VUELVO A ENAMORAR, piénsalo, porque debes estar enamorado de ti todos los días te tu vida, completamente loco por ti…

Porque vivir sin sentir, es no vivir.

 

NOTA: NO TE PIERDAS EL ESTRENO DE LOS PROMOS DE LA SERIE “MIMOSAS PARA DESAYUNAR” EL  MIERCOLES 11 DE SEPTIEMBRE EN NUESTRO CANAL DE YOUTUBE: MIMOSAS PARA DESAYUNAR.

 

@marcelecuona

 

63786_188065641331957_1646243432_n