Odio desde pequeñas cosas como mi pelo, mis arrugas nacientes, mi cuerpo aguado y flácido. Mis estrías, mi celulitis bajo mis nalgas y mi cintura cuadrada. Odio que no tengo la fuerza de voluntad para hacer ejercicio, para no comer cosas con grasas ni para levantarme temprano todas las mañanas. Odio ser desidiosa, dejar todo para después, odio no creer en mí y ser alguien en la que juré que nunca me iba a convertir. Odio no haber estudiado una carrera normal, no ser una mujer callada, sumisa, no tener ingresos fijos, no dormir por mis deudas y no saber cómo resolverlas. Odio consumirme por el dinero, querer ayudar a mi familia, pero no hacer nada porque me gana una vez más la desidia. Odio no saber manejar, no tener un coche como alguien de mi edad; no tener un seguro de vida, no cumplir con mis impuestos y todas esas pendejadas de la sociedad. Odio que pasen los años y mis sueños siguen sin hacerse realidad.

Odio que mi familia no se lleve bien, que mis hermanos cometan los mismos errores que juraron jamás cometer, odio ver que no sean felices, que no sepa como acercarme a ellos porque me gana el orgullo y la tristeza. Odio que mis padres no puedan verse ni en pintura, que hablen mal uno del otro, que hayan dejado tantas preguntas sin respuestas, que por pensar solo en ellos en el pasado, jodieron muchas veces mi presente y el de mis hermanos. Odio que mi media hermana me odie, que no me soporte, que este tan sola, que sea infeliz. Odio que decisiones que no fueran nuestras, no nos dejen convivir. Odio lo que se espera de mí.

Odio que a veces mi novio no me entienda ni yo lo entienda a él, odio no ser flexible, no quitarme complejos, odio no ser la novia que merece, la mujer completa, la mujer perfecta. Odio no poder ayudarlo, no saber escucharlo, odio que me lastime sin saberlo, odio cuando no sabe ser honesto. Odio que nos vayamos a la cama, no enojados, no peleados, pero indiferentes. Odio que mi vida a veces apeste. Odio días enteros sin propósito, pero odiaría no vivirlos. Odio que un día mi cuerpo y mis planes tengan que cambiar por tener un hijo, planear una boda en mi cabeza desde que soy chica, cuando de grande todas las mujeres casadas te dicen que el amor no es para siempre. Odio saber que están en lo cierto. Odio que la ilusión del amor no sea verídica. Odio saber que en algún momento, cuando menos me lo espere, en mi hogar, con mis hijos, tendré que hacerme de la vista gorda en cuanto a infidelidades, porque todos los hombres son infieles. Odio que nadie diga que es diferente. Odio las amigas falsas, las que te dicen te amo y te golpean por la espalda, odio que no exista amor de ningún tipo, que todo sea temporal, que todo sea dañino.

Odio lo que el ser humano le hace al medio ambiente, a los animales encerrados como en campos de concentración sin poder moverse. Odio que la gente adopte perros y gatos, pero que nadie piense en los cerdos, en las vacas, en las gallinas ni en los peces. Odio ver tanta mierda en la gente. Odio que ninguna persona sea amable, que solo se fijen en lo que portas, en donde vacacionas. Odio que ya nadie lea, que cada vez haya más pláticas vacías. Me gustaría no hablar si no es absolutamente necesario. Odio platicar de cosas vánales y pendejas. Odio que cada vez haya menos gente interesante en esta tierra. Odio que ya no existan valores, ya no hablemos de decencia. Odio que gente buena que amo, la pase mal, cuando hay gente que no vale dos centavos y la pasa genial.

Odio el gobierno mexicano apestoso, corrupto hasta el tuétano, odio que no hagamos nada al respecto. Odio al presidente, su esposa, su familia y todo aquel que le vale madres que el 60% de nuestra gente viva en pobreza extrema, odio que haya monopolios en las empresas. En las televisoras. Odio que el programa más visto en México sea la Rosa de Guadalupe, odio que quieran hacer retrasados mentales de gente que no tiene opción más que ver esa fantasía guadalupana sin respuestas. Odio no conseguir un papel en la Rosa de Guadalupe, porque, como actriz, no tengo más que esa oferta. Odio no poder hacer una diferencia.

Odio no ser brillante y hacer algo que marque, que deje huella. Odio saber que pase lo que pase, moriré, así como lo harás tú, y que no importa que hagamos en esta vida, si no existe Dios, seremos polvo, y todo nuestro llanto, nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestras posesiones, nuestro amor, no habrá valido la pena, pues todo se esfuma bajo los pies de la generación que sigue, para lidiar con los mismos problemas.

Pero sobre todo, odio amar esta vida tanto, que me hace levantarme tarde, con mi jodida desidia, con ganas de intentarlo una vez más, mientras pienso que hoy es un buen día para bajar de peso y no comer demasiado pan y que, tal vez así, pueda por lo menos conseguir un papel en la Rosa de Guadalupe, para un día hacerme famosa y ayudar a mi familia, para crear alguna fundación, para tender mi mano a mis mexicanos desesperados, para brindarle mucho amor a mi pareja y a mis seres amados.

Odio amar tanto esta vida porque, sin ella, no odiaría tanto mis pendejos e insignificantes problemas.

 

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