Siempre creí en los cuentos de hadas.

Primera escena: Yo acostada en la cama.

Segunda escena: Un bello príncipe me besa (en la mejilla, claro está).

Tercera escena: Despierto.

Última escena: Me lleva en su corcel blanco a su reino.

¿Y el final? ¿Qué pasó con el final? ¿Me fue infiel? ¿Tuvimos hijos? ¿Huimos del reino por no pagar la renta y nos volvimos fugitivos? ¿Qué pasó con el príncipe? ¿Se volvió gordo? ¿Le gusta el fútbol? ¿Le gusta más que yo? ¿Ya no me mira con pasión? Necesito que alguien me lea el cuento de nuevo.

Yo soy una princesa. Me vale si no tengo dinero, si me falta un reino, si mi madrastra no es mala, si fumo como chacuaca.

Desde pequeñas nos enseñan que un hombre bueno, amable y caballero vendrá a nuestro rescate, que tenemos que ser damas agraciadas sin complejos, ¡y olvídate de echarte un pedo!

No hables de sexo, no tomes, no seas lista; sólo canta como ángel y sé bonita. No importa besar un par de sapos con tal de encontrar al indicado, ¡el problema es que todos siguen siendo sapos!

Ya no te abren la puerta estos llamados “caballeros”, no te mandan palomas mensajeras con grandes poemas; ahora solo te mandan un inbox diciéndote: “hola nena”. No te llevan a comer frutas del bosque, ahora te ponen peda en el antro y te olvidan en el coche. Ya no te dan el beso mientras duermes; estos “lindos caballeros” solo muerden. Que tengan sastre y usen bellas vestimentas de lana, ahora no se ponen nada si no es de marca y pirata.

Pero seamos honestas; estos pobres e indefensos individuos solo han evolucionado al ver que las princesas hemos cambiado tanto. Con nuestro feminismo y nuestra igualdad hemos querido ser… no, no iguales, superiores a estos divinos hombres, Pero ¿qué demonios tenemos en la cabeza? Mujeres confundidas, no sabemos si queremos ser rescatadas, liberadas o ignoradas.

Las solteras quieren novio, las que tienen novio quieren esposos, las que tienen esposos quieren ser solteras, o mejor aún, viudas.

Entonces, ¿Por qué tanto deseo de encontrar al príncipe? Sabemos que fue invento de una mujer porque los hombre le huyen al matrimonio, ¿Qué idiota con retraso mental dijo que solo casadas seríamos felices?

Pero es la ilusión de estar enamoradas, se vale, porque no hay nada más bello que ver a tu gordo pedorro y ercutón como el príncipe adorado que te va a salvar.

Esos príncipes son realmente perfectos, saben lo que quieren y como lo quieren, ¿nosotras qué chingados queremos? Yo quiero ser una preciosa Cenicienta y que un galante príncipe me ponga una zapatilla de cristal, o lo que me entre porque calzo del siete.

Quiero ser Bella, el pedo es que me encuentro pura Bestia y no cambian al final del cuento.

La verdad es que sería feliz con solo llegar a la vejez en una pequeña casa frente a la playa, tomando una copa de vino, leyendo un buen libro, llena de nietos que vengan de visita… y con mi viejo, mi príncipe. Compañero de aventuras de este cuento raro llamado vida.

Sé que las princesas no envejecen, pero como sueñan.

“Así que no importa el tiempo ni el camino, marcado está el destino y el sueño se realizará”.

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