¡Por fin un lugar donde escribir! Desde hace mucho tiempo tenía ganas de ser parte de un espacio como éste, lo cual en ningún sentido significa que sea buena haciéndolo. Es como cuando llego a mi cama, me acuesto y desde lo profundo de mi ser digo: “¡Por fin!”. Lo cual casi nunca significa que esté cansada, ¿Qué tan cansada se puede estar a las cuatro de la tarde siendo comediante? Nada más es por el puro pinche placer.

No sé si este post tendría que ser un tipo de presentación, espero que no; ya que siempre he odiado estas dinámicas de integración donde te levantas, dices tu nombre, un par de características y a continuación, el siguiente tiene que recordar tu nombre y una característica después de haber dicho su nombre y características, y así todos sucesivamente. ¡Maldita sea! Si hay algo en lo que nunca puedo confiar es en mi memoria. Excepto en esas dinámicas, porque ahí confío y sé plenamente que mi memoria me hará ver como estúpida, cómo si hiciera falta ayuda extra para eso.

Pero bueno, ahí les va; soy Kikis, comediante, lesbiana, treinta y siete años y no despierto sin café.

¿Neta? ¿Esas son las características que te definen? ¡Qué hueva me das! ¿Neta, crees que esas son las cosas que le podrían interesar al lector? Por qué mejor no les dices que eres acuario, pero no crees en los horóscopos (aunque casi siempre los lees), o que en algún tiempo saliste con hombres. ¡Diles! Anda, diles que has estado con más hombres que mujeres, o diles que vives con tu novia y como buena lesbiana ortodoxa se fueron a vivir juntas a los cuatro meses de conocerse, o diles que eres hipomaniaca y haz que lo busquen en google, ¡Ajá!

Diles que tienes un perro (Zoe) y un gato (Latte) sólo para “equilibrar la energía”, energía en la que no crees. Que te prende de sobre manera encontrar soluciones aún en las cosas que no necesitan solución. Que cuando la maestra preguntaba “Si María tiene cuatro naranjas y llega Juan y le quita dos ¿Cuántas naranjas tiene María?”

Tú sólo podías pensar: “Entre los dos, tienen, una naranjada, una naranja con chile piquín, o dos mimosas para desayunar”.

Basta de presentaciones que ya se irán enterando de quien soy.

Les contaré que cuando La Mimosa Mayor me brindó éste espacio, me dijo: “Eres totalmente libre de escribir el tema que quieras, pero que tenga que ver con el hecho de ser mujer, o sea, cómo ves el mundo a partir de ser mujer” a lo que yo respondí un “Ok, lo intentaré”, con infinito amor y perfecto francés me dijo “¡No mames, o sea quiero que seas tú y tú eres mujer, sope!”.

Después de está platica me quedé pensando por qué me choca, para no decir, me caga esto de “por ser mujer”.  A mí me encanta y disfruto mucho ser mujer, así como ser lesbiana, amar a una mujer y ser una total admiradora y amante de la femineidad en todas sus representaciones. ¿Por qué Kikis, por qué? Tal vez porque siempre me he visto como un ser más allá de sus circunstancias; llámense sexo, edad, orientación, estado civil, familia y tantos etcéteras. Pienso que esto es fruto paradójicamente de las circunstancias en las que crecí, soy la menor de cuatro hermanos que me llevan diez, trece y catorce años respectivamente, hija de un padre amoroso, generoso y paciente y de una madre muy trabajadora, fuerte, dadora, con soluciones para todo y que su amor siempre lo ha dado “a su manera” como todo lo que ella hace. Así que en gran medida fui educada y cuidada por mis tres hermanos, que cuando yo era niña ellos ya eran personas.

Mi hermano me ponía a mis seis años a limpiar tuercas en una cubeta llena de thinner, a desarmar carburadores o a sellar ventanas desde el exterior del edificio, subida en una escalera de bomberos, que no crean ustedes que ésta, estaba recargada en el edificio, ¡no! Estaba colocada firmemente en el piso, sostenida y equilibrada sólo con la fuerza de mi hermano, esto me hizo pensar hasta la fecha que soy capaz de cualquier cosa.

Mi hermana mayor, amorosa y protectora por naturaleza ya era educadora y me llevaba a su trabajo donde niños, casi todos de mi edad eran sus alumnos y yo era hermana de su maestra, así que en muchas ocasiones ella sin dudarlo me decía “Ahora vuelvo, cuídalos y checa que hagan la actividad”… ¡Chorros de poder a una muy corta edad!

Por su parte mi hermana la “sándwich” que estoy convencida que su vocación es ser madre, me ayudaba con las tareas, jugaba conmigo, planchaba y almidonaba mis uniformes. Ella estudiaba mercadotecnia, así que me llevaba a hacerme lo que ahora sé son estudios de mercado, donde me daban un producto, casi siempre dulces o juguetes y me hacían preguntas como ¿Qué te parece el color, sabor, presentación, tamaño? etc., etc. y con base en eso todo un grupo de adultos se ponían a escribir, hacer gráficas, exposiciones. Lo que yo veía, pensaba y opinaba tenía un valor tangible.

Jamás fueron mencionadas mis circunstancias, nunca escuché un: “Porque eres chiquita, mujer, débil, flaca o gorda”, ni solapado un “no puedo”. Tal vez por eso siempre me he visto así, más allá de mis circunstancias.

Chingada madre, otra vez no hablé a través de mis circunstancias, espero me vuelvan a invitar para volverlo a intentar.

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