Cuestión de números

¡Oh no!

Alejandra cortó con el novio.

Lucía y yo estamos preparadas para este tipo de eventualidades; compramos víveres, aguas embotelladas, pilas, consoladores, todo para no salir del cuarto en una semana. Eso le dura el luto a nuestra querida Ale.

Mientras, el departamento se vuelve un asco, el baño se queda sin papel de las lágrimas derramadas, la música a todo volumen, las cosas tiradas del enojo, insultos cual marinero salen de su recámara. Me siento en bote pesquero.

Pero todo tiene un límite, sabemos que el fin de semana olvidará a su torturador y se conseguirá uno nuevo que la llenará de alegrías unos meses, si es que tiene suerte el pobre perdedor.

Mi querida amiga es una experta en remodelaciones, si por ella fuera sería decoradora de interiores. Cambia su interior como si estuviera pintado en acuarelas y bastan unas cuantas lágrimas para que se caiga el color o mejor dicho, el dolor.

No siempre fue así. Como cualquier hombre mujeriego que se volvió así porque una mujer lo destrozó, así le paso a Ale, la hombreriega por excelencia, un hombre la destrozó completamente y me la dejó descompuesta.

Ni Lucía ni yo sabemos bien la historia, pero cuenta la leyenda que Ale se iba a casar con un novio con el que duro dos años. Un hombre bueno que siempre la trató con muchísimo amor, eran el uno para el otro, pero Ale no se sentía lista, así que le pidió tiempo. Ella empezó a salir con muchos hombres, egoísta, pero merecidamente, quería su espacio para conocer el mundo antes de casarse.

El ex novio nunca la perdonó, y cuando se enteró de la vida que estaba llevando Ale; de fiestas y excesos, la dejó de buscar. Solo unos cuantos meses después, empezó a andar con otra mujer con la que pronto seguro se casará.

Ale cayó en una depresión severa, nunca volvió a ser ella por completo. La depresión fue tal que lo único que le quedó por hacer fue: andar con otro.

Empezó a andar con un tipejo que no le llegaba ni a los talones al otro, y entre más los comparaba más sufría, ¿cómo pudo perder a alguien tan bueno??

Pero el problema es que nunca se dio el tiempo de conocerlo y menos de olvidar a su ex…

Hay un cuento muy lindo:

En una isla estaban todos los sentimientos. Amor, Odio, Tristeza, Dolor, Ira, Rabia, Fe, Rencor, Felicidad, Locura, Suspenso, Afecto, Superioridad, Culpabilidad, Envidia, Egoísmo, Venganza, Miedo, Lastima, Temor, Soberbia, Valentía, Pasión y la Ansiedad.

Un día se enteraron que la isla se iba a inundar. Todos tomaron sus balsas y decidieron adentrarse en el mar lo más rápido posible. Pero el amor decidió quedarse en la isla. Se rehusó a salir a lo desconocido. Todos le rogaron, pero fue imposible, simplemente no iba a moverse.

Los sentimientos subieron a las balsas, y después de unas semanas en altamar, vieron una balsa a lo lejos.

Lo reconocieron: era el Amor.

“Pero, ¿cómo sobreviviste?” le preguntaron.

Y el amor contestó: “Estaba a punto de morir, por mi orgullo y necedad, pero justo pasó el tiempo y en una balsita y me salvó”

Cuando nos rompen el corazón lo mejor que puedes hacer es que el tiempo te salve.

Que dure lo que tenga que durar. Mucha gente dice que el luto dura la mitad de lo que duraste con esa persona. Ejemplo: si duraste un año el luto dura seis meses.

Pero seamos realistas esto nunca pasa, debería, pero no.

No sé por qué le tenemos pánico a la soledad. Saltando de relación en relación sin darse el tiempo de sanar aunque sea un poco; permitirse conocer más gente, diferentes lugares, pero sobre todo, saber que se quiere después de un golpe tan fuerte, saber cómo lo vas a enfrentar y que nuevas metas te pondrás.

Desde entonces, Ale se la ha pasado brincando de hombre en hombre y sus relaciones son cada vez más conflictivas, ¿cómo no? Ni su alma ni su corazón están tranquilos.

Pero esta vez era distinto, llevábamos Lucia y yo resguardadas toda la semana, era Sábado en la noche y no había señales de vida de Alejandra.

Le mandé un mensaje por WhatsApp a Lucía.

Marcela: Oye manita, no sale Ale, esto sí que esta raro.

Lucía: Sal tu güey, a mí me da miedo, vi que comió y dejó platos en la mesa. Yo no salgo.

Marcela: La última vez me tocó a mí cabrona, ándale. Mira hagamos algo, si sales tú, lavo tu ropa un mes.

Lucía: ¿Hasta mi ropa interior a mano?

Marcela: Lucía eres un asco. En la lavadora en delicados.

Lucía: Con Suavitel.

Marcela: ¡Sí tarada!

Lucía: ¿Qué fue lo que apostamos? ¿De qué hablamos?

Marcela: ¿Es neta Lucía? ¡Sal y ve como esta Ale!

Solté mi celular y lo puse en mi cama, quería estar alerta por lo que pasara afuera.

Silencio. Después, un mega grito de Alejandra.

– Lucía, ¡entras a mi recámara y te mato!

Pasaban los días y Ale ni siquiera bebía. Solo iba al gimnasio en las mañanas. Se compró un perro y así pasó un mes hasta que un día entró a mi baño. Yo estaba en el lavabo lavando a mano los calzones de Lucía por otra apuesta. Maldita, me gana en todas.

– Hoy quiero ir a bailar, vas ¿verdad?- me preguntó Ale

– Ale, estoy lavando calzones ajenos a mano, cualquier cosa me parece mejor plan.

Esa noche se encontró a su ex novio, con el que se iba a casar. No regresaron, pero sí hablaron toda la noche. Él le dijo que no pudo regresar con ella porque no dejaba de tener novios. Que ya no conocía a esa Alejandra pues era un hibrido de todos ellos.

Rieron, tomaron, se divirtieron. Era la Ale que había conocido años atrás. Su ex novio se fue abrazándola, su pasado por fin la dejaba en paz.

A los diez minutos besaba a un tipejo desconocido.

Esa Ale, tan libre y tan independiente, ya se enamoraba de nuevo.

No sé si sea cierto el dicho de clavo saca a otro clavo, pero si así es, Ale es carpintera profesional.

 

@marcelecuona