Mi pequeña relación de dos semanas con Jacinto iba floreciendo, yo me quedaba todas las noches en su departamento, me iba diario en taxi después de la escuela para verlo (él no tiene carro), y trataba de romper patrones que me habían hecho tanto daño.

Esta relación, del tipo que fuera, era completamente diferente. Aunque era intensa porque dormíamos juntos todas las noches (otro de mis patrones, la intensidad), él era una persona fría. Yo estoy acostumbrada a que me digan Te amo casi en la segunda cita, al parecer me consigo hombres igual de necesitados de afecto que yo, pero Jacinto me decía te quiero un día, y otro me trataba como amiga.

El punto es que: ¡Yo estaba cediendo! Me estaba convirtiendo en una mejor Marcela. Estaba bailando al compás de su música, tango. ¿Quieres que vaya a tu casa? Ahora tomo un taxi aunque este lloviendo. ¿Quieres que el fin de semana la pasemos teniendo sexo nada más? Dalo por hecho. ¿Te vas a ir de viaje seguido? No te preocupes aquí te espero.

Platicando con Jacinto el jueves, con unos Camparis encima, me dijo que solo me faltaba saber hablar francés para ser la mujer perfecta. Les juro que estuve a punto de meterme a clases con tal de complacerlo. Lamento tener que decirlo, pero en dos semanas ya lo quería. Mi corazón de tempano se estaba derritiendo ante una persona noble, buena, que me escuchaba, me atendía, y me mimaba.

Era otra Marcela porque me di cuenta que en mis antiguas relaciones había sido egoísta y controladora. Que las cosas siempre habían sido a mi manera.

Pero el viernes en su cuarto, cuando él estaba arreglándose para tomar un avión, me dijo que su tía venía de visita la próxima semana. Yo toda emocionada le pregunté si la conocería. Me dijo que no. Que era muy pronto.

¿Era pronto para conocer a su tía, pero no pronto para dormir juntos desde que nos conocimos? ¿Quién mide ahí la intensidad? ¿La conveniencia?

Me voltee de la cama y comencé a llorar. No suelo hacer esto frente a los hombres, pero creo que los Camparis de la noche anterior seguían en mi cuerpo. Me abrazó y me dijo que estaba jugando, pero muy dentro de mí, sabía que él no cedería nunca.

Tomó su vuelo, pero me llamó diciendo que me quería mucho, que ya me extrañaba.

Me dije a mi misma que de nuevo estaba siendo intensa, que él era así, que lo quisiera como era y que no tratara de entender esto que me estaba pasando. Patrón de intensidad, adiós.

Pero una no puede dejar su esencia. La que es loca intensa lo será hasta el día que muera.

Pasaron el Viernes y Sábado, y aunque sus mensajes eran constantes, no había muestras de cariño, ni un te extraño, un “me gustaría que estuvieras aquí”, nada. Habíamos pasado dos semanas pegados y no había rastro de mí en él. Como si fuéramos amigos.

¡Mimosas! Cuando quieran algo de su hombre ¡Díganlo! Pos oye, la que no habla Dios no la escucha.

Le dije claramente: Necesito un poquito de afecto de tu parte, sé que eres como eres, pero necesito un poquito nada más.

Me contestó: Sorry, así soy.

Y ese fue su último mensaje.

Ok Mimosas, olviden mi consejo anterior. No digan nada jamás.

Tomé el teléfono y le marqué a Lucía: Necesito una noche como cuando éramos chavitas veinteañeras. ¡Necesito ir al antro!

Pasó por mí y fuimos a nuestro lugar favorito “Gravity”. (Sí, hice un comercial ahí ¡Que hermosa que soy!), y entre ginebra y ginebra, me cayó el veinte.

Sí, soy intensa. Sí, estoy loca. Si, mis ex relaciones son un asco. Sí, soy un poquito materialista en el sentido que me gusta que un hombre me conquiste. Sí, mi pasado es un desastre. Sí, tengo miedo que me lastimen de nuevo. ¡Sí!

Sí. Yo quiero todo porque estoy dispuesta a darlo todo por amor ¡A la chingada Jacinto!

Mientras caminaba al baño, pensaba en lo espectacular que era mi vida y lo perfecta que era yo (aunque no supiera hablar francés), “¿Quién necesita a ese güey? ¡Yo no! Yo no necesito a nadie, soy completamente autosufi…”

No terminé de pensar, me caí en medio de la pista del antro con minifalda y frente a todos. Mis nalgas quedaron al descubierto mientras se reían de mí. Me levanté como la reina que soy, y con la poca dignidad que me quedaba, me retiré del antro. Lo bueno es que en el Gravity ya no se espantan, están acostumbrados a mis shows y me aman por eso. La última vez dejé un zapato olvidado, ¿Quién chingados sale del antro con un zapato nada más? Yo, Chupicienta.

Ese fue otro comercial del Gravity. ¡Que hermosa!

Me di cuenta con mi caída, que nada es perfecto aunque lo tengas planeado o lo quieras controlar. En el amor vas a caerte, y mi reina, te vas a levantar porque eso hacemos las chingonas. Caminaras de nuevo, puteada, pero caminaras.

Si intentas planear tu vida amorosa, piénsalo de nuevo. Mientras escribía este post, me escribió Jacinto diciendo que me extrañaba. Me llamó y me dijo: No sé qué es lo que quiero. Quiero estar contigo pero no quiero que nos lastimemos.

Y así, sin más, se cayeron sus barreras. Hay caídas de todas las maneras, pero cuando al fin eres sincero contigo mismo, las cosas empiezan a fluir.

A veces tienes que destruir tu pasado, dejar que se caiga todo, para volver a construir.

 

Y una vez en el Gravity… ok, ya paro de mamarts.

 

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@marcelecuona

 

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