Érase una vez, en un reino muy lejano frente al mar, un príncipe que vivía sus días en una soledad oscura. Todas las noches le pedía al cielo que lo ayudara a encontrar el amor.

Su padre, el rey, había muerto cuando el príncipe era muy pequeño y solo habitaba en el palacio con su madre reina y su hermana la princesa.

En el pueblo mientras tanto, había una plebeya llamada Aurora, ella trabajaba en la panadería y soñaba con encontrar el amor de su vida.

Un día el príncipe se escapó del palacio y se fue al pueblo disfrazado para conocer más allá de las paredes de su gran castillo, y ahí, el destino los unió.

Entró a la panadería y con solo ver a Aurora supo que había encontrado lo que tanto había pedido al cielo. Aurora lo vio un segundo, y sin siquiera sospechar que se trataba del príncipe, sonrió, nunca había visto una cara más bella, una sonrisa más sincera, un pelo más hermoso… es el, pensó, él es el amor de mi vida.

El príncipe iba todas las tardes a la panadería a verla, hasta que su madre se dio cuenta y se lo prohibió, tienes que entender que ella no es igual a nosotros, no es solo el hecho que es pobre, ve sus intenciones, seguro solo te quiere por el dinero.

Pero Aurora no tenía idea que él era el príncipe…

Un día, el príncipe la llevo a un paseo romántico, comieron en un lugar hermoso frente al mar, la comida más deliciosa que Aurora había comido jamás, caminaron, y así, tomados de la mano, el príncipe la llevó a su palacio.

Aurora estaba sorprendida, llegaron a la habitación del príncipe, y este le quitó la ropa lentamente, el sol se asomaba por la ventana y pintaba un atardecer con colores indescriptibles…

Hicieron el amor, tomando vino a momentos y citando frases de sus libros favoritos… quiero que este instante nunca termine, pensó Aurora.

Te amo como nunca había amado jamás, eres mi todo y toda mi vida te lo voy a demostrar… dijo el príncipe e hicieron el amor de nuevo.

Aurora no cabía de la felicidad, ¿Se puede ser más plena, más dichosa?

La reina no podía permitir que siguiera arriesgando el príncipe su porvenir, le prohibió rotundamente volver a ver a Aurora o perdería la corona, escoge, le dijo, o es ella o tu reino, te vas a casar el próximo mes con la princesa Leyta y eso es lo último que se hablará de ella.

El príncipe no podía de la tristeza, pero tomó una decisión de la cual se arrepentiría toda su vida, decidió no luchar por Aurora y se comprometió con la princesa Leyta.

Aurora estaba en la panadería cuando escuchó la noticia, el príncipe se casa, pronto habrá reina.

No podía dejar de llorar, pero ¿Cómo? ¿Cómo pudo traicionarla de esa manera?

Pasaron días enteros en los que Aurora no podía dejar de llorar, y decidió ver a la bruja del pueblo.

Por favor, le pidió Aurora, quítame este dolor, quítame este dolor en el pecho que siento, no puedo más.

La bruja la vio complacida.

Pide un deseo, le dijo la bruja, el que quieras, pero al cumplirlo, me darás lo que yo te pida.

Regresa el tiempo, Aurora rogó, dame ese día que pase con él en el atardecer, solo dame ese día de nuevo, no me importa, te daré lo que me pidas.

La bruja rio, de acuerdo, le contestó.

Aurora cerró los ojos y al abrirlos ahí estaba en la cama con su príncipe.

El príncipe abrió los ojos también, había estado en un profundo sueño. Aurora no podía de la satisfacción, le beso la cara, los ojos, la boca, las manos… eres mío amor, eres mío ahora, disfrutemos.

Hicieron el amor todo el día, Aurora no dejaba de decirle lo mucho que lo amaba, lo mimaba, lo cuidaba.

Rieron, lloraron de felicidad… este recuerdo lo tendré toda mi existencia, pensó Aurora, nunca me olvides mi amor, nunca me olvides.

Miraron el atardecer abrazados y mientras el la tomaba de la cintura susurro… Aurora, eres el amor de mi vida, mi todo… es el día más perfecto.

Se acostaron para dormir y Aurora le hizo cariñitos en el pelo que a el tanto le gustaba… Buenas noches mi amor, descansa, yo te cuido el sueño y mientras Aurora lo decía, el príncipe durmió.

Aurora despertó en la choza de la bruja, tu deseo ha sido concedido, ahora es tu turno pagarme.

¿Qué es lo que quieres? Preguntó Aurora.

Tu vida, contestó la otra.

Te la daré por darme ese maravilloso momento, ese que en mi corazón será eterno, no quiero más de la vida, lo he tenido todo.

Y la bruja le quito su alma.

El príncipe se casó y nunca supo el sacrificio que había hecho Aurora por él, y cada vez que sale al balcón de su recámara y ve los atardeceres más hermosos, no sabe que es Aurora… que se convirtió en atardecer para él.

 

 

 

 

“El sol tocará tu cara por sorpresa en las mañanas

Sabiendo que la luna saldrá sin pensarlo

No te asustes, no es nada malo

Es la muestra que te amé demasiado

Y todos los atardeceres… son mi regalo.”….. Marcela Lecuona Rubiales.

 

 

NOTA: NO TE PIERDAS EL ESTRENO DE LOS PROMOS DE LA SERIE “MIMOSAS PARA DESAYUNAR” EL  MIERCOLES 11 DE SEPTIEMBRE EN NUESTRO CANAL DE YOUTUBE: MIMOSAS PARA DESAYUNAR.

 

@marcelecuona

 

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