Para quienes conviven con su ser, como yo. Ahora, en estos días. En las muchas o pocas horas. En segundos fragmentados, no recuerdo el nombre.

En momentos, la compañía con algún canto o soliloquio de viva voz, ¿por qué no? nadie me ve, creo. A veces frente al espejo o en silencio conspirando con la muerte gris de las neuronas.

En el trabajo, lo necesario para nada lo mínimo. Hambre. Un poco de queso, unas palabras en el procesador. Hambre, un plátano quizá, mejor un café y una galleta.

Es hora de meditar, de conectar, de repensar el yo (eso de lo que tanto se hace filosofía). Respirar, existir. Calma, es tu mente de mono -así se dice- un pensamiento acá, el otro allá, éste no. Todo lo demás que no quiero pensar y ordenar, lo dejamos para al rato, lo masticaré con tabaco.

Crisis, ansiedad, preguntas, moluscos en la cabeza, tentáculos en los dedos y poco que tomar. ¿Será retomar? En fin. Una madrugada más de calor entre las cobijas y el poco aire de las ventanas. Ventilador, refréscame y si puedes sopla dentro, que mi alma suda.

El baño, mausoleo de lo que, por lo pronto, no necesito. ¿Jabón? Bueno, un poco sí, mojar las uñas, que debajo no quede nada, que lo verde abandone los pelitos de mi nariz, que las células corran por el caño. Toalla, limpia y discreta como la ropa que me acomoda, libre de copas por un tiempo -las del brasier-, ¡Libertad! Por un rato y también de las de alcohol, mejor un té. Aunque, los tréboles de la canasta en línea, juego de siete, siete sietes son mil puntos, cartas iguales y desiguales ¡Qué mala mano! Me faltó un as para ganar.

Hambre, hoy voy a cocinar. No hay sal, no hace falta. Con la pura verdura, como con la verdad, basta.

Mira las plantas, están creciendo, algunas creo que están muriendo. Espera, un poco de agua, vitamina. Aquí en la esquina hay un poco de sol. Qué hermosa la violeta que floreció. Hola a las hojas nuevas. Adiós a la semilla que no creció. Ni modo, ahí está la basura, qué lástima, no quisiera, bueno… ahí van los recibos y lo que no facturé.

Listo el clóset, lista la cajonera. A la Marie K. No, la verdad, me gusta más así. En rectángulo, en subir y bajar. La cocina, otro día. Ese polvo, con la escoba. Esa basurita, estírate, estírate, estírate un poco más. No, no la alcanzo, ni modo.

Hambre, no, sed. Agua. Mucha agua.

Compañía de las criaturas, de esas con hocicos, hundidos en la colcha. Patitas calientes, una siesta, un juego, un premio. ¿Qué sería de mí sin ellos? Lo mismo, supongo. Quizá un poco menos cálido.

Los pendientes, sí los pendientes.

¡Centésima de segundo! Ya me acordé.

Sueño. Por fin.

Humanidad entre paredes.

 

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