Te extraño. Todos los días contaminas mi cerebro. A veces sueño contigo, es la única manera en la que me dejo vivir. ¿Cómo es posible que yo no te importe a ti? Creo que lo que más me duele es que no aceptes que existimos, que una vez nos conocimos, que fuimos amigos. Que nacimos para estar unidos.

Me entero de ti, como todo el mundo; por rumores, comentarios, razones. Y digo razones porque es lo que menos tengo, porque yo te dejé, pero ¡Dios mío! ¡Qué pendeja puede ser la gente! Tus celos exacerbados, mis señales de rabia como una loca, nuestras mentes tan diferentes, nuestros cuerpos tan iguales.

¿Qué soy sin ti? Un pedazo de masa que se mueve por impulso, mi único coraje y fuerza es que te des cuenta que soy especial, que pude salir adelante, que soy buena mujer, que he cambiado. De nada servirá: “Nunca estaremos juntos”, no te has cansado de jurar. Pero a lo mejor, un día, me ves de lejos y te llenas de orgullo. A lo mejor puedes decir con alegría que ayudaste a formarme. Puede ser, que una noche, tu corazón se iluminé al recordar que me viste dar mis primeros pasos. A lo mejor recuerdas que un día me amaste.

¡Qué irónico! Recuerdo que me pedías estar y que te amara, y solo me pudiste tener al separarnos. Y ahora que estás lejos, solo es una triste vieja historia de amor.

¿De qué hablo? Me odias, no te has cansado de reclamármelo. De recordármelo. Al principio creí que recibiría una llamada tuya, diciéndome como siempre lo hacías: “Eres el amor de mi vida”, pero poco a poco se ha difuminado tu voz, destellos de tus ojos llenos de lágrimas. Se me ha ido de la memoria como me tocabas, o como diario me visitabas. Ya no recuerdo tus labios ni tu piel a la perfección. Ya los dos encontramos otro amor.

Uno más maduro y tranquilo, el que debimos ser y no pudimos. ¿Por qué te sigo extrañando tanto? No tiene sentido. Ni nuestra historia, ni el inicio, ni el despido.

Que ganas de dejar todo, salir, correr a buscarte, suplicarte que lo pienses de nuevo. Lo difícil es encontrarme con la respuesta de que soy lo peor que te ha pasado, cuando tu estás dentro de mi ser cosido con hilo dorado.

Todos los días contaminas mi cerebro. A veces sueño contigo, es la única manera en la que me dejo vivir. ¿Cómo es posible que yo no te importe a ti? Tú te casarás y serás feliz, yo estaré aquí, avanzando, sin dejar de soñar con esa llamada que he esperado desde hace años, solo para decirte: Te extraño.

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